De sirenas, príncipes, bellas y bestias

La Sirenita es, quizás, de las películas más peligrosas de Disney.

Para los que no se acuerdan, es la historia de una sirena, Ariel, que se enamora a primera vista de un príncipe humano espléndidamente buenmozo, Eric. El barco de Eric naufraga, ella lo salva, y él, medio ahogado y todavía débil, se enamora de la voz de ella.

Siendo de especies distintas (sirena y humano), no eran exactamente compatibles. Pero en vez de aceptar ese dato de la realidad, con el fin de poder ser parte del mundo de Eric y así estar con él, Ariel resolvió llegar a un acuerdo con una bruja, Úrsula, para cambiar algo que hacía a su esencia —su cola de pez— por piernas, entregando su voz —¡y eso que ella amaba cantar!— como contraprestación. Sujetó su alma a la perdición si no cumplía con la condición resolutoria pactada: lograr un beso del príncipe antes del atardecer del tercer día como humana.

Es verdad que el contrato era nulo porque versaba sobre objetos que estaban fuera del comercio. Es cierto también que estaba mal aconsejada, pobre Ariel, entre el encargado de cuidarla —un cangrejo cascarrabias que no supo usar la psicología inversa— y un pez amigo que todo le aplaudía, a lo que se le suma que su contraparte se aprovechó de su supuesta necesidad, ligereza e inexperiencia, y que la terminó de persuadir.

De todos modos, nada puede quitarle a Ariel responsabilidad: se dejó convencer por la bruja, porque la realidad es que, en el fondo, estaba dispuesta a pagar cualquier precio, porque así son los corazones que están sordos y enceguecidos: solo escuchan los consejos y ven las piezas que mejor encajen con su plan. “Be careful what you wish for”, dicen los angloparlantes, porque ahí donde está puesto el ojo, es hacia dónde inevitablemente rumbeamos.

Dejando atrás a su familia, demás afectos y todo su mundo acuático, salió con sus nuevas piernas —y sin voz— a conquistar a un príncipe. Cómo uno encuentra terreno común y funda una relación con otro sin tener capacidad de dialogar, no lo sé. Igual logró una salida con el galán de Eric, que la llevó a andar en bote, y mientras ella le hacía ojitos, le revoleaba el pelo y de fondo sonaba una de las mejores canciones de la historia de Disney (“Kiss the Girl”), su príncipe le quiso dar ese beso que ella tanto necesitaba para cumplir con su parte del contrato, aunque fue imposible, no por la resistencia de Ariel, que ya a esta altura hasta tenía un moño puesto, sino debido a obstáculos externos.

Mientras la Sirenita había pagado tan alto precio para corretear detrás de su príncipe, para las empresas del corazón Eric —con el objeto de distribuir mejor el riesgo— había diversificado su portafolio de inversión (algo que tampoco le podemos echar demasiado en cara; él no le había pedido ni prometido nada a Ariel). Así es que casi se casa con otra (nada menos que con Úrsula disfrazada).

En la versión de Disney, justo antes de los votos matrimoniales vence el plazo del contrato, Ariel vuelve a su forma natural de sirena y recupera su voz; con su canto, Eric se da cuenta que la ama a ella y no a Úrsula, pero ya es demasiado tarde, Ariel ya no logró el beso y su alma está perdida. El padre de la Sirenita, que tanto la quería (a pesar de que ella lo había abandonado sin pensarlo dos veces), se entrega en su lugar a Úrsula, en una suerte de cesión de deudas. Eric, en una batalla naval épica, vence a la bruja podrida y salva a su suegro, quien luego transforma a Ariel en humana y bendice su unión.

Como se trataba de Disney, claro que hubo un final feliz, lo cual es un poco lamentable, porque cuando las cosas terminan bien, caemos en la ilusión de que los hechos que llevaron a ese desenlace valieron la pena (dicho en Shakesperiano, “all is well that ends well”). La versión de Hans Christian Andersen, aunque es terrorífica, es superior por ser moralizante: las piernas de la Sirenita son el resultado de que la bruja le cortó la cola en dos, y con cada paso que da se va desangrando de a poco y siente un dolor agonizante, como si pisara cuchillos, aunque ella se esmera por sonreír. El príncipe efectivamente se casa con “la otra” y la Sirenita se disuelve en un charco de lágrimas y espuma de mar. El mensaje es claro: cambiar tu esencia, olvidarte de tus demás amores por una peligrosa obsesión puede desembocar en una catástrofe.

Tal vez, para mitigar un poco el daño causado por el final de La Sirenita, la siguiente película de Disney fue La Bella y la Bestia. Su protagonista, Bella, al igual que Ariel, estaba cansada del mundo en que vivía, de su “little town full of little people”. Incluso la corteja el galán del pueblo, Gastón, y ella no puede estar tan poco interesada en sus frivolidades y superficialidades. Hay igual una sutil pero enorme diferencia entre la huida de Ariel y el corazón de Bella, que le pide más de lo que el medio ofrece.
Bella cae presa de la Bestia por ser ella la que va a rescatar a su padre de su cárcel y garras (¡al revés que Ariel!) y, a pesar de bancarse unos cuantos gruñidos, al poco tiempo empieza a abrir los barrotes detrás de los cuales Bestia había guardado su corazón. Por suerte, en ese cometido no siguió el ejemplo de Ariel y no se mimetizó, no se convirtió en bestia ella, sino que con la dulzura y firmeza que la caracterizaba como mujer, le fue mostrando a Bestia lo que era la cordialidad, el cariño, el afecto.

Uno podría decir que Bella sufría de Síndrome de Estocolmo y que esta película de Disney en realidad manda el mensaje erróneo a las mujeres de que se puede cambiar a los hombres (más allá de ayudarlos a mejorar o a empeorar). Pero la ficción muchas veces recurre a la exageración para grabarnos mejor la lección, y Bestia es un claro ejemplo de que las personas somos todas héroes y villanos, y si vamos a representar el bien y el mal como blanco y negro, entonces somos una paleta que contiene ambos colores. Muchas veces, en los enredos que son nuestras intenciones y acciones, se mezclan los tonos y salen grises, o pintamos con los dos a la vez, y salen manchones con blancos y negros ya no fusionados sino distinguidos. Por eso, lo más importante para juzgar el carácter de alguien es ver, más allá de qué color predomina, de qué tipo de madera está hecha esa paleta, algo que requiere ojos y corazones muy entrenados.

Bella sabe que no hay trigo sin cizaña y como heroína que es, ama a todo el campo por igual. Sabe que amar no es encontrar un objeto, un Eric, sino que es un verbo, una acción que tiene detrás una decisión que se vuelve a tomar todos los días y que se ejerce en todo y con todos. Hace lo mejor que puede con sus circunstancias que están dadas; aunque es prisionera en un castillo, trata amablemente a todos sus habitantes y se hace amiga de ellos, incluyendo a la Bestia, y termina iluminando ese lugar tenebroso, volviéndolo un mejor lugar.

Posiblemente la clave de la película está en la frase de la introducción: “For who could EVER learn to love a Beast?”, una línea muy superior a su equivalente en la película doblada, “¿quién podría amar a una bestia?”. Porque es natural tener rechazo hacia lo feo, lo malo, lo monstruoso, lo bestial. No amamos a las bestias por una tendencia innata. Aprendemos a amar a las bestias. Como humanos imperfectos que somos, no nos queda otra que ser valientes y abrazarnos al todo, a las luces y a las sombras, propias y ajenas.

Por otro lado, no hay amor a primera vista entre Bella y Bestia. No hay ceguera causada por la pasión, sino afecto que va in crescendo. Canta Bella sobre la trama de su libro preferido: “here’s where she meets Prince Charming, but she won’t discover that it’s him ‘til chapter three”. Aplica lo mismo a su vida amorosa, porque, como ser inteligente que es, no se deja engañar por las apariencias, y sabe que se necesita tiempo para ver quién es esa persona que se tiene enfrente.

A su vez, Bestia es gruñón y un poco malhumorado, pero también hay en él mucha ternura, que se vislumbra en sus miradas y pequeños gestos, para el deleite del espectador. Es algo así como la versión de Disney de Mr. Rochester y Mr. Darcy. Es también muy atento; resulta imposible olvidar la escena cuando Bestia le pregunta a su amigo cómo se hace para enamorar a las mujeres, y aunque este le responde que se puede lograr con “flowers, chocolates, promises you don’t intend to keep”, él no sigue el consejo y le hace a Bella, una lectora acérrima, un regalo perfecto, pensado a medida: una biblioteca alucinante.

Bestia dista de ser Eric; no es el típico príncipe azul, pero por eso justamente es que no destiñe con y resiste al lavado hecho con el jabón y el agua de realidad. No tiene gracia, pero tiene sustancia. No tiene brillo, pero tiene oro. Y habiendo sido fiel en lo poco, después lo es en lo mucho: su máxima demostración de amor es liberar a Bella cuando ella se entera que su padre está enfermo, a sabiendas de que eso implicaba su condenación a ser bestia para siempre (aunque ella después vuelve, se rompe el hechizo y él vuelve a ser príncipe).

Además de que dejar ir a alguien es una enorme muestra de amor, Bestia demostró ser tan grandioso como Bella, que se había entregado en lugar de su padre como prisionera al principio de la película, porque lo que hace a los verdaderos príncipes y princesas, caballeros y damas, más allá de sus encantos o sus modales, es su humanidad y capacidad de amar tan grande que los lleva a rescatar a los demás incluso cuando eso implica su propia perdición.

En la mitología griega, el canto de las sirenas seducía y enloquecía a los marineros, que al oírlo, se lanzaban desesperados al mar, solo para morir ahogados. Incluso en la versión de Disney, el capricho de la Sirenita por su “amor objeto” casi termina con su propia destrucción, la de su padre y la de su príncipe. Bella sabe que el “amor verbo” es el que lleva a la plenitud, acepta y ama a la Bestia como es, en su imperfección total, y así es que lo salva; ese amor es lo que le lija las asperezas, y de monstruo vuelve a ser príncipe.

Es que, al ser imperfectas como nosotros, las relaciones humanas más bellas van a ser siempre aquellas en que más se abrace a las bestias.

 

Clara Minieri (27)
Abogada
claraminieri@hotmail.com

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EL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA

por Alberto M. Sánchez, Doctor en Derecho. Especialista en Doctrina Social de la Iglesia.

El Sínodo por la Familia, convocado por el Papa Francisco, está siendo objeto de mucha atención por parte de los medios de comunicación social y de la sociedad en general. Lamentablemente, dicha atención se ha centrado casi exclusivamente en dos temas: la situación de las personas divorciadas y nuevamente unidas, y la homosexualidad. No pocos periodistas se ocupan excluyentemente de estas realidades y vaticinan profundos cambios en la doctrina de la Iglesia sobre estos temas, generando enormes expectativas.

Sin embargo, el Sínodo está abordando otros muchos temas centrales e importantes, tales como el valor y la defensa de la vida, la importancia de un noviazgo bien llevado, la esencial preparación para el sacramento del matrimonio, la generosidad en el don de la vida, la ilicitud de los medios anticonceptivos, el milagro de amor que implica la adopción, la vital educación de los hijos, los desafíos de la familia ante los medios de comunicación social y las redes, la vocación misionera de la familia, entre otros. Como se ve, es mucho más lo que está bajo análisis.

Creo importante expresar que la Iglesia no puede ni debe “adaptar” su doctrina a los tiempos. Tiene como misión conservar, custodiar y difundir las enseñanzas de Jesucristo, que son de suyo perennes. La Iglesia no es solamente depositaria de una doctrina, sino fundamentalmente seguidora de una Persona, Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. La “buena nueva” que configura su mensaje de salvación no es materia moldeable a los tiempos, ni a los gustos, ni a las modas. Otra cosa muy diferente es el modo de transmitirla, que debe ser siempre actual y atractivo. Es por eso que Juan Pablo II llamaba a una “nueva evangelización”: nueva en sus métodos, en su ardor y en su expresión. No nueva en su contenido.

Dicho esto, es fundamental aclarar que la Iglesia se ocupa, según expresión de Pablo VI, de “todos los hombres y de todo el hombre”. No hay ser humano alguno que no sea motivo de desvelo y afán apostólico para la Iglesia. En ese marco se entiende la legítima preocupación de los padres sinodales por las personas divorciadas y vueltas a casar y por las personas de condición homosexual. Ellas tienen el mismo derecho que todos a ser acogidas con respeto, ternura y comprensión por la Iglesia, sus instituciones y sus fieles, sin estigmatizaciones ni condenas personales, entendiendo que todos, sin excepción, somos hijos amados de Dios y que por cada uno de nosotros, sin excepción, se operó la redención. Entendido esto en su debida dimensión, puede comprenderse que la Iglesia, que debe amar y recibir en su seno con “respeto, compasión y delicadeza” (CIC, Nº 2357) a las personas de condición homosexual, no puede validar los actos homosexuales, que son “contrarios a la ley natural… y no pueden recibir aprobación en ningún caso” (CIC, Nº 2357). Tampoco el Sínodo aprobará ninguna expresión que afecte la indisolubilidad del vínculo matrimonial, porque no es doctrina que la Iglesia pueda modificar: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre” (Mt. 19,6). Sí se trabaja arduamente para encontrar caminos de adecuada atención pastoral a estas realidades.

El Sínodo enfrenta un enorme desafío: brindar bases sólidas para fortalecer a la familia y ayudarle a enfrentar los graves males que socavan sus cimientos: el relativismo, el egocentrismo y el consumismo. Matrimonios sólidos, generosos con el don de la vida y fieles educadores de sus hijos con su ejemplo de vida y con sus palabras oportunas, es el modelo a seguir para alcanzar, por la gracias de Dios, familias ejemplares que sustenten una sociedad donde la solidaridad, la paz social y el orden sean los pilares de su desarrollo.

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Los lenguajes del amor a los hijos

Por Cristian Conen

Profesor e investigador del Instituto de La Familia
Universidad de La Sabana

Existen tres preguntas fundamentales que los padres debemos plantearnos, responder adecuadamente y consensuar conyugalmente en un proyecto compartido de educación de nuestros hijos.

¿A quien educamos? Educamos a personas humanas. En tiempos de gran confusión cultural acerca de nuestra identidad como humanas personas, resulta útil recordar nuestros atributos personales, los que deben respetarse y vivirse en el proceso educativo del hijo, si queremos lograr buenos frutos en el momento oportuno de la cosecha educativa:

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  1. DIGINIDAD: Digno es lo que vale por sí mismo, lo que no es medio para nada ni para nadie. En tanto personas, nuestros hijos son dignos cualquiera sea su edad. Luego, el trato adecuado a un hijo no deber ser su utilización para fines subjetivos de los padres. Siempre, en cada circunstancia de su vida, debe estar presente la intencionalidad educativa de parte de los padres, ordenada a su bien objetivo.

  1. IDENTIDAD: Cada persona humana es una creación de realidad inédita en la historia de la humanidad. Si bien tenemos una naturaleza común (por eso el hambre, la sed, el sueño, la inclinación a conservar la vida, a propagarla y a desarrollarla, son tendencias de toda cultura y tiempo histórico), el yo personal es único. Esta novedad inédita de cada yo personal tiene algunas manifestaciones evidentes, por ejemplo, la desigualdad de las caras de cada ser humano, de su ADN y de sus huellas digitales. En consecuencia, el trato adecuado a un hijo supone hacerse experto en su propia identidad, en otras palabras, implica conocer sus talentos, dotes, habilidades, gustos, anhelos, sueños y vocación para ayudarles a crecer en la línea de lo propio. Educar a un hijo es guiarlo en el camino entre lo que es y lo que debe ser conforme a su ideal inscripto en las potencialidades de su persona. Se trata en definitiva, de ayudarlo a desarrollar la mejor versión de si mismo.

  1. INTIMIDAD: Los seres vivos se caracterizan por poseer vida inmanente, es decir vida interior además de la que se manifiesta externamente a través de conductas instintivas (animales) o libres (seres humanos). La intimidad humana encierra la mayor capacidad de vida interior (sentimientos, pensamientos, anhelos, proyectos). La vida matrimonial y familiar se enriquece mediante la puesta en común de esa vida interior o íntima a través del proceso de comunicación que enriquece el nosotros conyugal y familiar. La educación de los hijos presupone también como un aspecto clave, la comunicación íntima con ellos.

  1. LIBERTAD: Sólo la persona humana es libre, es decir, tiene el gobierno de su conducta debido a sus facultades de inteligencia y voluntad. El animal está determinado por sus instintos que instigan o determinan su comportamiento. El ser humano es dueño de sí mismo y se desarrolla o plenifica en la entrega de si mismo a los demás. El sentido de la libertad es pues el amor. Amar es darse pero para darse hay que poseerse, es decir, ser libre y se es tanto más libre cuanto más virtudes o hábitos operativos buenos se incorporan a la propia persona.

Luego, en la educación de un hijo resulta fundamental generar las circunstancias para que el hijo, desde su libertad, decida vivir valores que desarrollarán su capacidad de darse y de ser feliz.

La consecuencia de los atributos personales antes considerados, es que el proceso educativo de un hijo es un proceso artesanal (uno a uno), no industrial (en serie). Debemos educarlos personalmente, no uniformando, estandarizando, manipulando, lo cual implicaría despersonalizarlos. En otras palabras, no debemos educar a nuestros hijos igualmente sino desigualmente. Si somos padres de tres o cuatro hijos, debemos tener tres o cuatro maneras de ser madres y padres respetando su dignidad, identidad, intimidad y libertad.

¿Para qué educamos? Educamos para que nuestros hijos sean felices. Sin embargo, madres y padres debemos afinar en identificar cuál es el factor clave que desarrolla la capacidad de ser feliz de un hijo.

En la tarde de la vida nos examinarán en el amor”; “Se trata de amar mucho” afirmaron algunos grandes de la humanidad iluminando la respuesta: si el sentido de la educación es preparar al hijo para la vida y el sentido de la vida es ser feliz y la felicidad depende del desarrollo de la capacidad de amar, la repuesta categórica a la pregunta antes formulada es la siguiente: educamos para desarrollar la capacidad de amar de nuestros hijos y todo lo demás es añadidura.

Educar para el amor presupone educar en el amor y educar en el amor supone saber identificar los lenguajes del amor de nuestros hijos, es decir, las maneras propias o particulares con las que se sienten queridos. Nuevamente (como lo hicimos antes respecto de los cónyuges) recurrimos a Gary Chapman, esta vez a su obra “Los 5 lenguajes del amor de los niños”.

¿Cuál es el lenguaje de amor primario de cada uno de los hijos? ¿Cuál es la manera o las maneras prioritarias como cada uno se siente querido, y por lo tanto, ¿donde debe hacerse foco para expresarle nuestro amor?; ¿ palabras de afirmación, tiempo de calidad, toque físico, actos de servicio o regalos ?

Afirma Chapman, que “cuando un hijo se siente amado, cuando su tanque emocional esta lleno, reaccionará más positivamente a la guía educativa de los padres en todos los ámbitos de su vida, la rebeldía se debilita, la obediencia se facilita y el clima familiar armónico se promueve. (…) Cuando nos expresamos con amor en los cinco lenguajes, en tanto nos especializamos en el suyo propio, le enseñamos la necesidad que tiene él o ella misma de aprender a hablar los lenguajes del amor de los demás”. “Con un bebé, los padres tenemos que expresarle amor en los cinco lenguajes. Según crece cada hijo, empezaremos a ver que uno de los lenguajes del amor le habla mucho más profundamente de nuestro amor como padres que los otros. El valor de descubrir el lenguaje de amor primario de cada hijo, es que proporciona el medio más eficaz de comunicarle amor”

¿Cómo descubrir el lenguaje de amor primario de cada hijo? Ante todo advierte Chapman, “que cuando se está tratando de descubrir el lenguaje de amor primario del hijo, es mejor no hablar de eso con ellos, sobre todo si son adolescentes ya que pueden manipularnos con miras a logar sus fines. Por ejemplo, si un niño o un muchacho ha estado pidiendo un par de zapatos deportivos muy caros, todo lo que tiene que hacer es decir que su lenguaje primario es el regalo”.

El autor antes citado nos sugiere cinco maneras de conocer el lenguaje de amor del hijo:

  1. Observa como tu hijo te expresa su amor por ti.

  2. Observa como tu hijo le expresa su amor a otros.

  3. Escucha a lo que tu hijo te solicita con más frecuencia.

  4. Presta atención a lo que se queja tu hijo con más frecuencia.

  5. Durante varias semanas dale a escoger a tu hijo entre dos opciones que correspondan a diversos lenguajes de amor.

Finalmente destaca Chapman, “que cualquiera sea el lenguaje primario de amor del hijo, el que una vez identificado no permitirá ser más eficaces en comunicarle amor, los padres debemos ser políglotas, es decir, es importante hablarles los cinco lenguajes del amor. De esta forma, nuestro amor a ellos no solo será más pleno sino que ayudaremos a los hijos a aprender cómo dar y recibir amor en todos los lenguajes”.

¿Cómo educamos? Educamos con autoridad adecuada y calidez afectiva adecuada. Muchas veces se confunde la disciplina con el castigo. Disciplina proviene de una palabra griega que significa entrenar, y de acuerdo a lo antes comentado, educar implica entrenarlos para amar. Para que la disciplina sea efectiva, los padres tienen que mantener siempre lleno el tanque afectivo de sus hijos con amor. Disciplinar sin amor es como tratar de hacer funcionar una máquina sin aceite. Afirma Chapman, “que el amor busca el bien del hijo; eso mismo hace la disciplina y mientras más se sienta amado un hijo, más fácil será disciplinarlo. En otras palabras, tenemos que mantener lleno el tanque de amor incondicional del hijo antes de administrar la disciplina”.

Comprender el lenguaje de amor primario de cada hijo, ayuda a los padres a escoger el mejor medio de disciplina. Advierte Chapman, “que debe procurarse no usar una forma de disciplina que esté directamente relacionada con su lenguaje de amor primario, ya que el mensaje que recibirá el hijo no será de una corrección amorosa, sino de un rechazo doloroso. Por ejemplo, si el lenguaje prioritario de amor del hijo son las palabras de afirmación, y utilizamos para la corrección palabras duras de condenación, esas palabras le dirán no sólo que uno esta disgustado por una cierta conducta, sino que no se lo ama”.

En conclusión:

Educamos a personas humanas, nuestros hijos, respetando su dignidad, haciéndonos expertos en su identidad, compartiendo su intimidad, y forjando su libertad.

Educamos a nuestros hijos para que sean felices, lo cual supone educarlos en el amor.. Los educamos en el amor, identificando sus lenguajes de amor primarios y ayudándoles a vivir todos los lenguajes del amor.

Los educamos para el amor con autoridad y calidez afectiva adecuada, que son las dos herramientas del buen liderazgo paterno/materno.

Cristian Conen

Octubre 2013. 

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Los lenguajes del amor conyugal

Por Cristian Conen

Profesor e investigador del Instituto de La Familia
Universidad de La Sabana

Hablamos con cierta habitualidad de diversas fuentes de energía que tienen relación con nuestras vidas: energía eléctrica, energía magnética, energía eólica, energía hidráulica, energía atómica. Es evidente que todas estas fuentes de energía facilitan la vida humana. Sin embargo, existe otra fuente de energía que comparativamente es mucho más potente que las antes mencionadas: es la energía o fuerza extraordinaria que proviene de los actos de amor. No hay nada más poderoso que las acciones de un corazón enamorado.

¿Cómo generar, renovar, alimentar, incrementar y restaurar la energía fruto de las acciones de amor en el matrimonio? La fidelidad conyugal es una realidad mucho más rica, positiva y plena que la mera acción negativa de no tener relaciones sexuales con una tercera persona. Es el arte de mantenerse enamorado, es la acción de cultivar la sensualidad, la afectividad y el gozo espiritual de la persona que amamos. Muchos cónyuges hacen sinceros esfuerzos por hacerse feliz y perciben con perplejidad y frustración que pese a su buena voluntad y a sus acciones concretas, su cónyuge no se siente querido y los conflictos no se solucionan..

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En palabras de Gary Chapman, “el problema es que hemos pasado por alto una verdad fundamental: las personas hablan diferentes lenguajes de amor (…) Las diferencias de idiomas son parte integral de la cultura humana. Si queremos comunicarnos de manera eficiente, debemos aprender el idioma de esos con los que deseamos comunicarnos. En el campo del amor es similar. Tu lenguaje del amor y el de tu cónyuge tal vez sean diferentes, como el chino del español. No importa cuánto te esfuerces por tratar de expresar amor en español, si tu cónyuge solo comprende el chino, nunca entenderán cómo amarse el uno al otro (…) debemos estar dispuestos a aprender el lenguaje primario del amor de nuestro cónyuge si queremos ser eficientes comunicadores de amor”1.

Dado que la educación para el amor no forma parte aún de la educación formal sistemática, en la que pueda tener cabida temas claves como el que ahora tratamos, la realidad es que muchos novios se casan llevando a su matrimonio sólo la mochila del amor que se vivió en la familia de origen. Si bien en muchos aspectos lo vivido en esa comunidad de amor es absolutamente positiva y necesaria para los hijos, en la cuestión que tratamos, es posible que el varón reproduzca el modo como su padre le expresaba amor a su madre, y la mujer, cómo su madre le expresaba amor a su padre. El problema radica en que nuestros padres y madres no son nuestros cónyuges. Luego, sus lenguajes prioritarios de amor, es decir, las formas cómo realmente se sienten queridos puede ser distinta.

Según Chapman, existen cinco lenguajes primarios del amor, cinco maneras en las que las personas hablan y comprenden el amor. “Rara vez un esposo y una esposa tienen el mismo lenguaje primario del amor, y nos confundimos cuando nuestro cónyuge no entiende lo que le comunicamos. Expresamos nuestro lenguaje de amor, pero el mensaje no llega porque hablamos lo que para nuestro cónyuge es un lenguaje de amor extranjero”2. Una vez que descubrimos los cinco lenguajes básicos del amor y entendemos cuál es nuestro lenguaje básico del amor, así como el lenguaje primario del amor de nuestro cónyuge, seremos más eficaces en saber cargar su tanque de gasolina o de energía, y podremos comprender donde se encuentra su pérdida para repararlo.

El primer lenguaje de amor que describe Chapman es “las palabras de afirmación”.

Hay cónyuges cuya forma principal en la que se sienten queridos es a través de piropos, cumplidos verbales, palabras de aprecio, palabras de aliento, palabras de reconocimiento, palabras de ternura, palabras de admiración. Muchos matrimonios nunca han conocido el poder de las palabras para afirmarse el uno al otro. Ahora bien, advierte el citado autor que “las palabras de afirmación” requieren empatía, compasión y comprensión para ver el mundo desde la perspectiva del cónyuge”3.

El segundo lenguaje del amor son “los tiempos de calidad”.

Por tiempo de calidad entiende Chapman, darle al cónyuge toda la atención.

Si el lenguaje prioritario del amor del cónyuge es este, no será suficiente simplemente con estar físicamente en su presencia. Para sentirse amada o amado requerirá una atención enfocada, en especial en esta era de muchos distractores para el tiempo conyugal y familiar. El tipo de actividad que se comparte es secundario. Lo importante es que los cónyuges tengan espacios y tiempos centrados el uno en el otro.

El tercer lenguaje del amor son “los regalos”.

Expresa Chapman, que “para el cónyuge cuyo lenguaje primario del amor es recibir regalos, el costo del regalo importará poco (…) Los regalos pueden comprarse, encontrarse o hacerse (…). Si el lenguaje primario del amor del cónyuge es recibir regalos, el otro cónyuge debe convertirse en un dador experto”4. Este es uno de los lenguajes del amor más fáciles de aprender. No debe esperar una ocasión especial. Si recibir regalos es el lenguaje primario de amor del cónyuge, casi cualquier cosa que se le de con ternura y afecto lo recibirá como una expresión de amor.

El cuarto lenguaje del amor son los “actos de servicio”, que son aquellas cosas que un cónyuge sabe que al otro le gustaría que hiciera. Si se lo ignora, el autor comentado aconseja: “pídele a tu cónyuge que te haga una lista de diez cosas que le gustaría que hicieras durante el mes siguiente, y de los actos de servicio diarios que le hablan de veras del amor”5.

El quinto lenguaje el amor es “el toque físico”.

El toque físico es también un poderoso vehículo para la comunicación del amor matrimonial. Tomarse de las manos, besarse, masajearse, acariciarse, abrazarse y tener relaciones sexuales son maneras de comunicar amor al cónyuge. “Para algunas personas, el toque físico es su lenguaje primario del amor. Sin esa práctica no se sienten amadas. A través del contacto físico, sus tanques de energía del amor se llenan y se sienten seguros en el amor de su cónyuge”6.

Afirma Gary Chapman, que existen en su opinión tres métodos para descubrir el lenguaje del amor del cónyuge. Primero, observar cómo casi siempre le expresa amor a otros. Segundo, identificar cuál es la queja más habitual que nos hace. Tercero, advertir qué es lo que nos pide más a menudo.

Amar es una elección. Vale la pena reflexionar acerca de la eficacia del amor a nuestro cónyuge

Finalmente, es importante agregar que también es posible descubrir el lenguaje básico de amor de los hijos, pero este será tema de un próximo artículo.

1 CHAPMAN.G., Los cinco lenguajes del amor, Editorial Unilit, Colombia, 2011, pp. 14–15

2 IBIDEM p. 16

3 IBIDEM ..44

4 IBIDEM pp. 80-81

5 IBIDEM p. 108-109

6 IBIDEM p. 111

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Ecología humana: El gran desafío del siglo XXI

 

Por Cristian Conen

Profesor e investigador del Instituto de La Familia
Universidad de La Sabana

La realidad familiar de nuestro tiempo, al menos en la cultura occidental, tiene indudables aspectos positivos que muchas veces no se resaltan suficientemente: la libertad de elegir a la persona con quien se desea compartir la vida; el reconocimiento de la igualdad personal del hombre y de la mujer y por lo tanto, de su común dignidad; la expectativa de mayor calidad en las relaciones conyugales y familiares; la amistad entre novios y cónyuges; la entrada del hombre al hogar en procura de compartir y asumir su responsabilidad en la educación de los hijos.

No obstante, la familia de nuestro tiempo padece también serios problemas que podrían englobarse en el concepto de “amor líquido” del sociólogo polacoZygmunt Bauman. El amor líquido, es una errónea proyección a las relaciones interpersonales amorosas, de la actitud que tenemos con las cosas en una cultura de las cosas como es la que nos encontramos. A las cosas las utilizamos para el propio bienestar y las desechamos o cambiamos cuando ya no nos resultan útiles o placenteras. La actitud utilitaria que es válida para las cosas, no lo es para el trato con las personas. El utilitarismo corrompe el amor. Esta situación está afectando a la familia, y por lo tanto, a la salud personal y social de nuestros países, y de no crearse soluciones reales de protección y promoción de la familia desde las macropolíticas estatales, las micropolíticas empresariales y desde la educación familiar y el sistema de instrucción formal (escuelas, universidades), va a dañar seriamente la convivencia humana y la gobernabilidad en este tercer milenio.

Hace algunos años (2004) se reunieron en la Universidad de Princeton (EEUU) 53 profesores universitarios de distintas ciencias (filosofía, historia, economía, psicología, psiquiatría, derecho y sociología) y de diferentes creencias (ateos, agnósticos, hebreos, evangelistas, católicos). Ellos investigaron cuál es la causa del crecimiento en las últimas décadas de la delincuencia, la violencia, los trastornos psicológicos, la expulsión escolar, adicciones, pobreza, apatía y suicidio de jóvenes en EEUU. Los científicos concluyeron, que la causa más profunda de esas realidades está en la falta de amor que padecen las nuevas generaciones directamente relacionada con el deterioro de la familia y el matrimonio en ese país.

En consecuencia, no basta hoy con reconocer derechos fundamentales al hombre, a la mujer, al niño, al adolescente en forma fragmentada, es decir, concibiéndolos como individuos aislados, porque este individualismo les reduce y con esta reducción se empobrece realmente el mismo reconocimiento de sus derechos fundamentales. La verdad de la persona humana, es que es un ser familiar: hijo, hija, hermano, hermana, padre, madre, cónyuge; una identidad articulada en relación con otras personas.

El valor estratégico de la familia

Siguiendo a Pedro Juan Viladrich, fundador y profesor del Instituto de Ciencias para La Familia de la Universidad de Navarra, España, cabe afirmar que el ideal de una sociedad más profundamente humana en el siglo XXI, pasa por un reconocimiento y tutela convergentes de los derechos humanos y de los derechos de la familia. En otras palabras, es necesario concebir los derechos humanos como derechos de un ser familiar y no de individuos aislados o fragmentados.

Es oportuno instalar en nuestra sociedad una reflexión profunda y una acción más concreta, en aras dedescubrir el valor estratégico de la familia como bien personal y social fundamental, digna de proteger y promover desde el gobierno pero también desde la empresa y desde las instituciones sociales en su conjunto. El reconocimiento de la familia como bien social presupone el reconocimiento de la familia como bien personal, es decir, que las personas tengan un enfoque vital hacia su familia como una realidad prioritaria en sus vidas.

Por eso el gran desafío del siglo XXI es la ecología humana, concepto acuñado por Juan Pablo II en su Encíclica “Centessimus Annus” del 1 de mayo de 1991. En sus puntos 38 y 39 el Papa expresa:

Además de la destrucción irracional del ambiente natural hay que recordar aquí la más grave aún del ambiente humano, al que, sin embargo, se está lejos de prestar la necesaria atención. Mientras nos preocupamos justamente, aunque mucho menos de lo necesario, de preservar el «habitat» natural de las diversas especies animales amenazadas de extinción,(…)nos esforzamos muy poco por salvaguardar las condiciones morales de una auténtica ecología humana”.

La primera estructura fundamental a favor de la ecología humana es la familia, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona”.

Ecología humana: entendiendo su significado

Etimológicamente ECO significa casa y LOGOS estudio, conocimiento.Ecología es el conocimiento y cuidado de la casa. Hasta ahora se ha reducido el concepto al estudio y cuidado de la casa física para la vida humana: aire puro, agua pura, fauna, flora, ruidos, residuos. Pero además de un hábitat físico adecuado, como lo advirtió Juan Pablo II, el ser humano necesita un hábitat ecológico personal adecuado para vivir conforme con su condición: un ámbito donde sea valorado incondicionalmente, donde reciba la contención física, afectiva y espiritual básica y el sentido de pertenencia más profundo: LA FAMILIA. La ecología humana es en consecuencia, el cuidado de la persona y la familia.

 

El mejor futuro para Colombia y para los colombianos vislumbra un país integrado por familias armónicas, no por individuos en soledad o con heridas de dolor espiritual por rupturas matrimoniales y familiares.

 

Un país sano –con valores y virtudes, sin violencia ni corrupción– requiere una población sana. Una población sana una familia sana. Una familia sana matrimonios sanos. Este es uno de los grandes desafíos para Colombia y para el mundo en el siglo XXI.

 

DESTACADO

El ser humano necesita un hábitat ecológico personal adecuado para vivir conforme con su condición; un ámbito donde sea valorado incondicionalmente y encuentresu sentido de pertenencia más profundo: la familia.

 

 

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El amor es una decisión

Alberto M. Sánchez

Quien no se decide a querer para siempre, es difícil que pueda amar de veras un solo día”, nos decía Juan Pablo II a los argentinos el 8 de abril de 1987, en la homilía de la Misa por la Familia en Córdoba. Son palabras que se entroncan con las de otra gran santa del siglo XX, la Madre Teresa de Calcuta: “El amor es una decisión”.

El amor esponsal verdadero es aquel en el que un hombre y una mujer deciden amarse para siempre, dando al otro lo mejor de sí mismos. Es un amor que nace de una decisión madura y consciente, libre y gozosa, destinado a perdurar definitivamente. No es un amor que dura mientras “haya química”, mientras “haya fuego” o mientras “no se acabe la pasión”. La ecuación es inversa: porque nos amamos y hemos decidido hacerlo para toda la vida, vamos a mantener encendido ese fuego y vamos a hacerlo con los pequeños gestos cotidianos de entrega, de ternura, de respeto y de perdón.

El amor es una decisión. No es un estado de ánimo ni un simple sentimiento. No es un vínculo que se sostiene a sí mismo, como por arte de magia, hasta que algún día, por un misterioso designio, se rompe. Es, por el contrario, la causa y a la vez la manifestación de dos vidas que se hacen una, donándose mutuamente, para encontrar en el otro la plenitud de la felicidad, de cara a Dios y fructificada en hijos.

El amor esponsal no tiene fecha de vencimiento, como las latas de conserva. Por el contrario, como algunos vinos, va mejorando con el tiempo, se va haciendo más reposado, más estable, más delicado.

Todo esto es difícil de entender en esta cultura de lo provisional, donde reina el temor al compromiso y a los vínculos duraderos. Sin embargo, como enseña el Papa Francisco, el amor esponsal “… no procede del sentimiento amoroso, efímero por definición, sino de la profundidad del compromiso asumido por los esposos que aceptan entrar en una unión de vida total” (EG, Nº 66).

Cuando los novios se presentan ante el altar del Señor para administrarse recíprocamente el sacramento del matrimonio, se prometen, el uno al otro: “amarte y respetarte todos los días de mi vida”. Todos los días de toda la vida, pase lo que pase, perdonando y sirviendo, con esa empatía que lleva a que dos vidas se hagan una.

Todo los días de mi vida” parece mucho, pero cuando se ama de veras se hace muy corto.

El amor es una decisión y la fidelidad a esa decisión es lo que hace sólido al amor.   

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El amor es un desafío

Indiscutiblemente los jóvenes vivimos hoy día la era de los desafíos, nos encontramos todas las mañanas con una realidad que cuesta cada vez mas caracterizar por otra cosa, que no sea su constante cambio.

amor desafío

La mayoría de las voces que escuchamos sobre el mundo venidero tienen un áspero sonido metálico pocas veces se ocupan de la cara «suave» o humana del mañana. Más aún: se ocupan de los pasos que hemos de dar para poder alcanzar el mañana.

Lo que les sirve de lazo de unión es la estrepitosa corriente del cambio, una corriente hoy tan poderosa que derriba instituciones, trastorna nuestros valores y arranca nuestras raíces.

El cambio es el fenómeno por medio del cual el futuro invade nuestras vidas, y conviene observarlo atentamente, no sólo con las amplias perspectivas de la historia, sino desde el ventajoso punto de vista de los individuos que lo viven, lo respiran y lo experimentan.

La planificación del futuro desafía nuestros hábitos y costumbres, las capacidades que aprendimos para superar los proble-
mas que pudieran surgir a nuestro paso; de ahí que la impresión general sea que día tras día estamos en una encrucijada, hay muchos caminos orientados a diferentes direcciones y no tenemos la certeza de cual debemos tomar, vivimos una realidad liquida, como lo dice el sociólogo Polaco, Zygmunt Bauman, en una sociedad que cuenta con el atributo característico de los líquidos: la dificultad para guardar su forma fuera de algún molde que los contenga.

amar

“SOLO CUANDO SE DESCUBRE SU VERDAD, LA VERDAD DEL AMOR, SE HACE POSIBLE CREER EN ÉL. SOLO ENTONCES, EL AMOR SE CONVIERTE EN UN PRINCIPIO DE CONSTRUCCIÓN DE UNA VIDA QUE MERECE LA PENA SER VIVIDA.”

José Noriega

El problema hoy día no se queda solo en nuestra particular forma de experimentar esta liquidez, sino que ha trascendido hasta convertirse en un verdadero modus vivendi, dando la impresión de estar rodeados de personas que se han resignado a deambular por el mundo, de un lado para otro, con la sentencia a cuestas de vivir condenados para siempre en la fugacidad y la incertidumbre.

El amor que ha sido siempre una fuente de inspiración y fuerza para el corazón humano, no se ha quedado fuera de esta transformación, la fragilidad de los vínculos humanos es hoy mas evidente, las relaciones familiares, el amor de pareja, la sexualidad y la solidaridad, son presas de esta dinámica social que amenaza con diluirlas o desfragmentarlas.

De acuerdo con los últimos resultados obtenidos por el Censo de Población y Vivienda 2010, el estado de Jalisco cuenta con una población de 7,350,682 habitantes, de los cuales 2,690,517 son jóvenes, 49.1% hombres y 50.9% mujeres, un 36.6% del total de la población en el estado.

52.6% manifestaron haber tenido relaciones sexuales alguna vez, de estos, 10.3% de los jóvenes entre 12 y 17 años de edad manifiestan que ya han tenido relaciones sexuales, dato importante tomando en cuenta la poca madurez afectiva y emocional que se tiene a esa edad.

El inicio de la vida sexual de los jóvenes está condicionado por diversos factores, uno de ellos tiene que ver con la persona con quienes se inician sexualmente. El análisis por edad permite advertir que 73.4% de los jaliscienses en el grupo de 12 a los 17 años se iniciaron con su novio o novia. Y cabe destacar que los principales motivos para iniciar una relación de noviazgo son: tener a alguien a quien amar y compartirle mis sentimientos y tener a alguien que los acompañe a salir o divertirse.

En lo que respecta a los motivos para haber tenido la primera relación sexual vemos que 41.5% refirió que fue por amor, 24.2% por curiosidad, 19.1% porque así lo quiso y 15.2% porque no se controlaron.

En este punto seguro ya se preguntan ¿Pero el amor que pinta en todo esto? bueno el “amor” fue la principal razón que motivo el inicio de la vida sexual de la mayoría de los jóvenes encuestados. Siendo asi hay que realizar algunas preguntas evidentes: primero ¿Qué entendemos cuando hablamos de amor?, siendo un factor eminentemente emotivo hay que indagar también ¿Cuál es la educación afectiva que han recibido e incide en la toma de decisiones?, pues si el “amor”, es motivador de una serie de conductas, que repercute de forma directa sobre la salud emocional y el proyecto de vida de casi el 50% de la población joven, en el segundo estado mas poblado del país, es importante saber si esta asignatura es tomada en cuenta para la formación y tiene un tratamiento adecuado.

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“EL HOMBRE ESTÁ HECHO

DE TAL FORMA QUE SÓLO

LLEGA A DAR LO MEJOR

DE SÍ MISMO CUANDO AMA” 

Gustave Thibon

En lo que corresponde al apartado de conductas de riesgo, encontramos que en el uso de anticonceptivos únicamente 58.7% de los jóvenes manifiestan haberlos usado. El otro 41.3% de los jóvenes no utilizó algún método anticonceptivo durante su primera relación sexual. De estos, 9.4% fue porque su pareja no quiso, 59.7% porque no esperaban tener relaciones sexuales, 2.3% porque no querían, 8.31% porque no los conocían, 8.9% porque querían un embarazo y 11.5% por otros motivos.

Cabe destacar que la mayoría de las adolescentes menores de edad no solamente desconocen el uso de anticonceptivos, ignoran también los efectos negativos que estos pueden llegar a ocasionar por su mal uso, esto queda reflejado en el 34.4% de mujeres que declaran utilizar de forma habitual la anticoncepción de emergencia o píldora del día siguiente.

Pero es evidente que “desconocer su uso” no significa falta de acceso a ellos, por el contrario es claro que no importa la “salud” -mucho menos un proyecto vida integral- importa el consumo.

Como una consecuencia de esto la encuesta se revela que el 37.3% de los jóvenes de 12 a 17 años ha tenido por lo menos un embarazo.

Del total de jóvenes de 12 a 29 años, que ha tenido un embarazo el 43.5% mencionaron haber sido más felices con el nacimiento de su primer hijo, 9.4% señala que mejoró la relación de pareja, 24.6% dice que se llenó de responsabilidades y 22.2% mencionan que se tuvieron que casar, tuvo problemas de pareja, económicos y/o otros cambios, situación que se comprende ya que los jóvenes a esa edad no cuentan con madurez económica, ni la oportunidad de acceder a un empleo que les permita hacer frente a sus responsabilidades.

En estas condiciones es de esperar también que los jóvenes contemplen la interrupción del embarazo como una solución a sus “problemas” y la estadística nos dice que el 10% del total de las mujeres jóvenes manifestaron haber tenido cuando menos alguna vez interrupción del embarazo y de dicho universo, sólo el 9.3% contaba con servicios médicos.

Dentro de las causas por las que las jóvenes jaliscienses interrumpieron su embarazo encontramos que el 16.9% fue por anomalías cromosómicas, el 17.9% por infecciones o enfermedades de la mujer, 21% por anomalías en el útero y 44.2% se definen como “otras causas” en donde se contempla, entre otras, tabaquismo, alcoholismo, consumo de analgésicos, violencia y aborto espontáneo o inducido.

Cifra por demás alarmante pero que refleja casi en su totalidad la evidente necesidad de revisar los programas de educación sexual y salud integral, el alcance de sus objetivos y de ser posible su re-planteamiento, ya que los costos a nivel, físico y emocional para los jóvenes son muy altos.

En resumen las relaciones afectivas entre los jóvenes jaliscienses, representan una oportunidad para aprender a desarrollar habilidades afectivas que les permitan relacionarse, en pareja y con la sociedad de una manera distinta, que les otorgue la posibilidad de formar una familia y construir un futuro solido.

Pero ¿Cuáles son esas formas de relación?, dado el contexto actual de los jóvenes en México, en donde se relativiza cada vez más el desarrollo integral de la persona y se privilegia un ambiente utilitarista, competitivo y violento que sin lugar a dudas ha trastocado las formas de relacionarnos en sociedad y por ende en las relaciones afectivas.

Los datos nos indican que hemos fallado históricamente por tres cosas en los programas de educación sexual: primero porque nos hemos enfocado hacia los factores de riesgo y no hacia la conducta de riesgo. Segundo porque hemos perdido de vista la totalidad del fenómeno y hemos desarticulado las acciones. Tercero hemos quitado la responsabilidades a los jóvenes de su propia conducta sexual, pues preferimos informarles sobre los riesgos, que formarles para ser capaces de tomar decisiones inteligentes que convengan a su proyecto de vida.

Nos hemos ido acostumbrando poco a poco a desarrollarnos bajo las tendencias que marca una sociedad de consumo, que es a ratos frenética, hemos aprendido que no hay prácticamente nada que no podamos desear y luego obtener con cierta facilidad; que si después de obtener lo que se desea se encuentra algo mejor puedes desechar lo anterior y que si se descompone o deja de funcionar no hay que preocuparse de arreglarlo, al haber tantas ofertas en el mercado solo es necesario que busque otro aun mejor.

Esta dinámica de mercado ha degenerado nuestros vínculos personales al tratar a los otros como una mercancía más de la que podemos desprendernos, desechar y desconectarnos con cierta facilidad.

Los jóvenes vivimos esta realidad todos los días , nos hemos educado en la idea del “si desea algo, no tiene por que esperar”, rodeados de la tentación de tenerlo todo, de conocerlo todo, de vivirlo todo. En un entorno como este hablar de compromiso a largo plazo no parece natural, hasta podríamos decir que el compromiso esta en crisis y que el amor también ha transitando hacia la liquidez, lo que lleva a que se manifieste un quiebre en el verdadero significado del amor y la sexualidad.

Nos encontramos frente a  el hecho de que  mendigamos amor; pero rehuimos el compromiso que exige amar y esta claro que no hay nada tan importante en la vida como aprender a amar y que la felicidad del hombre depende de la calidad de su amor.

Una sexualidad plena nos enseña a ser grandes mujeres y hombres en todos los aspectos de nuestra vida, ya que constituye un encuentro verdadero entre dos personas hondamente enraizadas el una en la otra: “yo me doy por entero a ti y me abandono con confianza absoluta en quien eres, para acompañarte en el camino de quien quieres llegar a ser”.

El amor es un desafío que nos lleva a descubrir que hay alguien que nos mueve a salir de nosotros mismos y descubrir aun “otro” persona y no una mercancía, otro que es distinto pero que me complementa, y que su sola existencia lo hace bueno para mi, en este contexto la sexualidad no es un punto de partida, sino que es expresión: viene a “sellar la voluntad de unir no solo dos cuerpos sino lo que ellos son: dos personas, dos vidas, dos historias, dos destinos, en uno solo”.

Reyna Guadalupe Sánchez Moreno.

27 de septiembre de 2013.

Fuentes:

Cereti, G. (1989). Amor, amistad y matrimonio. Barcelona, España: Herder.

Juventud, I. M. (2010). Encuesta Nacional de Juventud . México, D.F., México.

Noriega, J. (2005). El destino del Eros. Madrid, España: Pelícano.

Thibon, G. (2010). Sobre el amor humanos. Madrid, España: El buey Mudo.

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de | 30 enero, 2014 · 4:23 AM

El amor sólido

El amor, un tema un poco difícil de abordar al haber tantas formas de concebirlo y expresarlo. A veces pareciera que por un momento no supiera como definirlo pues llegan a mi cabeza multitud de pensamientos, vivencias e incluso sentimientos. Me he pasado mi vida entera tratando de amar de verdad y me he dado cuenta que me ha resultado un poco difícil, creo que es porque tiendo a confundir el amor con un sentimiento tan variable como el clima, pero algo en mi interior me dice que el amor es mucho más que un simple sentimiento. De lo poco o mucho que he vivido me he dado cuenta que no se puede amar sino se es libre totalmente, al ser libre podremos mantenernos en nuestra propia elección del amor. Cuando trato de definir el amor, encuentro que este es un todo que abarca numerosas características y que en nuestra sociedad se están deformando o simplemente desapareciendo, así mismo el amor se puede expresar hacia distintas personas entre ellas la pareja, pero aun y sus variantes descubrí que el amor se debe construir sólidamente.

amor solido y liquido

El amor en la actualidad se ha vuelto líquido y ha dejado de ser sólido. Liquido porque es cambiante, toma forma donde habite, es rápido y puede destruir todo a su paso; lo anterior lo vemos en la actualidad cuando se basa el amor en meros sentimientos cambiantes y pasajeros, se reduce al egoísmo de solo buscar el propio placer por encima de la otra persona y si esta ya no lo proporciona se sigue con las siguientes , los jóvenes no son firmes en su decisión de amarse a sí mismos y a los otros; viven en vicios y en la sexualidad desordenada, los matrimonios no duran, cada quien vive sumergido en su propio mundo sin detenerse a ver qué pasa con el otro, las personas ponen como fin el conseguir dinero sacrificando la propia familia, no se dan cuenta que el dinero no puede comprar el tiempo, las familias no tiene tiempo para compartir y estar juntas, nuestra sociedad aborrece la vida y prima la cultura de la muerte: abortos, eutanasia, suicidios, vivimos en una cultura de lo fácil e inmediato si implica esfuerzo sencillamente no sirve… esto a grandes rasgos es el amor liquido.

El amor ideal por lo contrario se basa en un amor sólido. El amor solido esta compuesto por multitud de valores que son como numerosas partículas que lo mantiene cohesionado, es construido en bases firmes, permanece en su decisión de amor, nada lo doblega, es fuerte y su estado es un constante dar. El amor implica salir totalmente del egoísmo para ir al encuentro del otro, como por ejemplo dejar el egoísmo con el tiempo; tener siempre presente que el tiempo “yo lo doy no me lo quitan los otros”, lo que quiere decir que siempre debe haber tiempo para el otro, el amor es ser generoso; vivir en un desprendimiento total olvidándose de los propios intereses para darse al otro en servicio, no quedarse con nada, no guardarse los talentos, los conocimientos e incluso lo que se posee materialmente, amor es por ejemplo cuando el otro necesita mi ayuda detenerme a ayudarle no importa que tenga por hacer, cuan poco tiempo tenga, cuantas ganas tenga de hacerlo o no, el amor pone el bien de la otra persona por encima de los propios intereses, el amor no tiene vanidad; es decir me amo y amo a los demás mucho más allá de las apariencias dándole la prioridad a mi alma y al alma del otro, el amor no se engríe no se cree superior al otro, el amor es paciente; espera con tranquilidad algo que tarda, persevera por difícil que vea el panorama, el amor no tiene envidia; se alegra por el otro y busca la felicidad de los que lo rodean incluso por encima de la de sí mismo, el amor es ser feliz con lo que se tiene, no busca ningún interés, el amor no se irrita, no se enfada, le agrada la justicia, le gusta la verdad y la sinceridad. Definitivamente el amor no son caricias, besos o abrazos, eso son solo una de las tantas expresiones del amor, el amor son acciones concretas. Si tengo amor lo tengo todo, y apropiándome de las palabras del filósofo Agustín de Hipona, “ama y haz lo que quieras” porque al final todo debe confluir en el amor solido o sino carece de sentido.

Existen muchos tipos de amor; a la familia, amigos, conocidos, etc entre ellos hay uno muy especial y es el amor de pareja en matrimonio donde se puede vivir las características del amor en su totalidad. Algo importante de aclarar es que el amor nunca podrá ser hacia un objeto pues con este no se puede dar una relación que implique reciprocidad y el amor con la plenitud de sus características. Pero en este caso hablare de un amor que muchas personas lo catalogan como el amor más lindo: es el amor de la pareja. Dicen psicólogos y estudiosos en la materia que el amor hacia la pareja es el más lindo de todos, ya que tu pareja es aquel tipo de amor y vinculo que tú puedes escoger, lo cual no pasa por ejemplo con la familia; yo no escogí a mis papas y ellos no me escogieron a mí. También se dice que es el amor más lindo, porque es un perfecto complemento, esto lo vemos en la antropología misma del ser humano, el hombre es un cazador su espalda, pecho, brazos están hechos para conquistar dar sustento y bienestar, la mujer por sus caderas y senos está hecha para la feminidad, maternidad, acoger etc. precisamente sobre lo anterior cabe anotar que actualmente las mujeres les hemos quitado a los hombres la oportunidad de conquistar de ser esos cazadores que han venido siendo desde toda la historia porque si nosotras no lo exigimos así con nuestra vida ellos no verán la necesidad de elevarse para conquistarnos.

El amor de pareja normalmente para ser un amor solido debe tener sus etapas de maduración que deben ser vividas a su tiempo para así edificar sobre cimientos sólidos que ni las más fuertes tormentas puedan derrumbar. Para amar se requiere hacerlo en la totalidad de la persona y en todas las dimensiones que esta posee biológica, psicoafectiva y espiritual, todas estas áreas se deben vivir sin quedarse atascado en alguna de ellas y no trascender a las otras. La parte biológica que tiene un valor corporal, genera una atracción y su resultado es el placer en ella es como decir un me “atraes”, más adelante se tiene la parte psicoafectiva que tiene el valor de la identificación y de la complementariedad, esto a su vez genera enamoramiento y su resultado es el encanto, es como decir un “te quiero”, finalmente poseemos la parte más alta de la pirámide la cual no posee ningún otro ser vivo, esta es la parte espiritual que tiene un valor personal que genera amor y finalmente su resultado es la felicidad es como decir un “te amo”. Como se mencionó anteriormente en este escalar las dimensiones del ser humano hay etapas para construir un amor maduro y sólido. Se comienza con una simpatía, luego pasa a haber una atracción, más adelante tiene que haber un conocimiento pero este no solo debe ser de lo bueno sino también de lo malo y no basta con conocer solo los defectos sino además aceptarlos y ayudar al otro a que los mejore, a continuación sigue el noviazgo y finalmente después de haber superado todas sus etapas el amor se consume en un amor nupcial.

amor duradero

En parte de las etapas mencionadas anteriormente hay un proceso químico en nuestro cerebro donde juegan hormonas y neurotrasmisores como la feniletilamina y las endorfinas que producen un estado químico de enamoramiento pero que a los seis meses aproximadamente dejan de estar prendidas en nuestro cerebro y se vuelven a silenciar, por esto el amor no puede basarse en un sentimiento de enamoramiento ya que este pasa. Para amar se requiere ir más allá de los sentimientos volver el amor una decisión y para que sea una decisión debemos usar la razón y la voluntad. El único ser vivo que tiene razón y voluntad es el ser humano por eso este debe usarla en sus relaciones afectivas, actualmente vemos que el noviazgo en su mayoría de las veces ha perdido su razón de ser y los jóvenes pareciera se guían mas por sus instintos que por su razón, viven una relación egoísta con su pareja, volviéndola solo un objeto de placer. Se supone que el noviazgo es una etapa para conocerse, para compartir para afirmar la decisión de amar a la otra persona para siempre o para saber que en la propia libertad definitivamente no es la persona que se elige amar, es triste ver que el amor hoy se reduce al sexo, las mujeres conceden sexo a los hombres para obtener amor y los hombres ofrecen a ellas “amor (supuestamente)” para obtener sexo, pero esto es un amor liquido y egoísta pues solo quiere obtener el propio placer no importa las consecuencias, no importa si mañana cambie de novia o no, no importa si están preparados para un embarazo, una enfermedad etc, en realidad el amor no es cuanto placer obtengo de la persona sino que tanto me puedo negar a mí mismo por amor a ella, de hecho el fin de las relaciones sexuales ni siquiera es el placer por lo contrario es la entrega total y en ella la procreación y este fin claramente solo es apropiado darlo en un contexto matrimonial , es como cuando analizamos que el fin de comer es alimentarse, el fin de dormir es descansar que en medio de estas actividades este el placer es otra cosa pero este no es su fin. Por esto el amor tiene sus etapas y siempre debemos aspirar a hacer lo que nos hace mejor personas las mejores versiones de nosotros mismos. Finalmente en la etapa del matrimonio se vive en amor en su totalidad el que se ha venido tratando de describir y aspirar en este texto: un amor sólido.

El matrimonio es una entrega libre, total, fiel y fructífera (abierto al regalo de la vida). El propósito del matrimonio es la procreación, la educación de los hijos, buscar la perfección y santificación de los dos esposos, como se observa este propósito no es egoísta, los esposos no se buscan a sí mismos sino siempre el bien del otro del conyugue y de los hijos. Poéticamente hablando en el matrimonio se cede la mitad del alma para tomar la otra mitad del otro: “será mi privilegio compartir tu itinerario a donde quiera que conduce y aceptar cualquier cosa que pase en el camino”. Aunque veamos tan común que los matrimonios no duren esto no tiene por qué ser una constante en cada uno de nosotros esta hacer la diferencia y recuperar el sentido de familia que es el núcleo de la sociedad y la primera escuela donde aprendemos todo.

El amor dura cuanto tú te propongas que dure. El amor tu elijes con quien vivirlo, si lo vivirás de verdad aspirando a la felicidad, si hacerlo liquido o sólido, tú eliges cuanto y como te propondrás amarlo/a, si lo/a amas con egoísmo o generosidad, si lo/a amas en todas las dimensiones de la persona humana, en lo bueno y en lo malo y en muchas cosas más. Si me preguntaran cual creo yo que el éxito de una pareja les diría que sí es recomendable tener el gusto y agrado por el aspecto físico, es bueno hablar el mismo idioma de fe, que es muy importante tener el mismo sentido de familia y proyección pero el éxito es EL AMAR y construir un amor sólido desde el principio y así seremos felices como siempre lo andamos buscando, aunque cueste los frutos del amor son muy dulces porque el color de la felicidad es amar-i-lla (amar y ya).

Daniela Herrera González para Grupo Sólido

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¿De qué hablamos cuando hablamos de tabú en materia de sexualidad?

Cuando escucho decir que estos tiempos son muy difíciles para educar hijos, no puedo menos que no estar de acuerdo. Creo que jamás existieron tiempos mejores. Hoy los padres podemos hablar con nuestros hijos de todos los temas, sin eufemismos y sin pelos en la lengua. No ocurrió así en las generaciones anteriores, donde en la mayoría de los casos imperaba el “de eso no se habla”. Hoy hablamos de todo y llamamos a las cosas por su nombre y podemos hacerlo con nuestros hijos en un clima de confianza y apertura, de libertad y de conocimiento.

No entiendo, por ello, el título de la lamentable y dañina campaña llevada a cabo por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: “Chau tabú”. ¿De qué tabúes hablan? ¿Es hoy la sexualidad un tema que se esconde debajo de la alfombra? Una cosa es que falte información y preparación, y otra cosa muy distinta es que el tema, en sí mismo, esté excluido de las agendas y de los medios.

Lo que ocurre es que le llaman “tabú” a una concepción de la sexualidad humana basada en el respeto a la naturaleza y fundada en el amor. Desde su perspectiva, meramente hedonista, no hay que reprimirse y todo autocontrol es represión. Para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está muy bien la masturbación, la pornografía, el sexo anal y la promiscuidad sexual. Es ésta una forma de entender la sexualidad humana, a mi juicio, equivocada en las raíces mismas del concepto.

Urge educar a nuestros niños y jóvenes en una sexualidad basada en el amor, en el respeto por la propia naturaleza humana, en la donación de sí mismo, en no quemar etapas, en la importancia de la virginidad hasta el matrimonio. Para el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires esto que propongo será medieval e inquisitivo. Para muchos es la única forma de practicar la sexualidad sin ver al otro como objeto, si no como un ser que merece ser amado.

La libertad no es hacer lo que a uno le da la gana. La libertad es aquello que nos hace crecer como personas y nos permite ir configurándonos como aquel ser que debemos ser. Por eso, la libertad está, más que en la posibilidad de elegir, en el acto de elegir bien. Y elegir bien es elegir aquello que me configura como persona que sabe unir la sexualidad con el amor y la libertad con la responsabilidad.

alberto sanchez Alberto M. Sanchez

Si querés firmar la petición para reformar la página hacé clic acá: http://www.citizengo.org/es/1135-cierre-iniciativa-chautabu-o-reforma-drastica-su-contenido

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¿CHAU TABU?

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Hace pocos días, el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires lanzó una campaña titulada “Chau tabú”. La misma cuenta con una plataforma electrónica sobre “salud sexual y reproductiva” que tiene por objetivo ayudar a los jóvenes a “disfrutar de su sexualidad de forma segura y responsable”.

En nuestros tiempos: ¿es realmente un tabú cuáles son las enfermedades de transmisión sexual y cómo prevenirlas, cuáles son los métodos anticonceptivos, las formas de prevenir un embarazo, las distintas formas de orientación sexual? Creo que, hoy más que nunca, estamos a un click de cualquier tipo de información. Los niños desde muy temprana edad tienen acceso a una computadora y podemos encontrar en Internet todo el material disponible acerca de esta realidad.

Ante esto me surge la pregunta: ¿qué es lo que verdaderamente se busca?… Si se busca eliminar un tabú, ¿existe realmente ese tabú en nuestros tiempos? Si se busca educar en la sexualidad, la educación de la “salud sexual” nunca puede ir separada de una educación integral, ya que la salud hace referencia a un equilibrio entre las distintas dimensiones del hombre. ¿Podemos hablar de salud si dejamos de lado la salud mental y espiritual? Si se busca que los jóvenes “disfruten de su sexualidad de forma segura y responsable”, ¿conseguirán esto a través de la masturbación y la pornografía? ¿Lo harán a través de la insinuación de que la otra persona es sólo un cuerpo del que me tengo que proteger por las dudas que esté infectado? ¿Se enseña la responsabilidad a través del fomento de eliminar las consecuencias de los actos? Me parece muy adecuado que se eduque a los jóvenes en la sexualidad, pero cuando se realiza en articulación con la familia (principal educadora) y cuando a la par se los educa en los demás aspectos ligados a la misma: el amor, un proyecto de vida, el otro como persona, la identidad personal y el cuidado tanto de uno mismo como del otro, entre otros aspectos.

Creo que estamos en un momento en el que hay tabúes mucho más reales,  importantes y más profundos que el “tabú” de la sexualidad: el tabú del amor y el tabú el dolor. Cada vez con mayor frecuencia vemos jóvenes con miedo a comprometerse, con temor a entregar su vida por el dolor que esto pueda ocasionar. Las estadísticas de rupturas matrimoniales van cada vez más en aumento y las de novios que deciden casarse decrecen notablemente. Se habla mucho de la “libertad” que se ha alcanzado en este último tiempo, pero muy poco del dolor que han ocasionado las crecientes rupturas de pareja. Se habla mucho de la capacidad de decidir sobre el propio cuerpo, pero no se habla tanto de la cantidad de niños que mueren en abortos porque los adultos estamos “liberados”. Se habla de la independencia pero no se habla del miedo a amar y a entregarse a otro tal y como somos y a embarcarse en un proyecto que comprometa toda la vida. Se habla mucho de sexualidad, pero no se habla del sufrimiento que están pasando muchas personas por sentirse objeto de alguien más. ¿Cuál es entonces el verdadero tabú de nuestro tiempo?

Por Carolina Sánchez Agostini
Provincia de San Juan

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