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¿Por qué los hombres consumen prostitutas?

Hay puntos en los que los promotores de la ideología de género y los promotores del personalismo coinciden. Uno de ellos es la lucha contra todo aquello que lesione la dignidad de la mujer. No solo en casos claros e indiscutibles como la trata de blancas: también es llamativo el consenso en contra de fenómenos que son cotidianos en nuestra sociedad: la pornografía y la prostitución.

Tomando el caso de la prostitución: un resumen de tres semejanzas y una diferencia en el enfoque de estas dos posturas: Sigue leyendo

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¿Y ahora qué?

Hace dos meses venimos comentando sobre la reforma del Código Civil. Fuimos entendiendo que no todo es tan lindo como parece y que no escuchamos todas las voces sobre este proyecto por los noticieros y diarios. Pero igualmente insistimos que es importante que “tomemos partido”, que digamos que estamos o no de acuerdo y por qué.

En un mundo tan globalizado y en ciudades tan grandes donde llegamos al punto de pensar que somos solo uno más, ¿vale la pena tomarse el trabajo de pensar y expresar las diferencias? Personalmente, creo que si abandonamos esta tarea el mundo perdería mucho de su encanto, pero más alla de eso, perdería su libertad.

Y en este caso, se haría difícil entender qué es una familia, un matrimonio, ser madre, ser padre, cuáles son los derechos y las responsabilidades de ellos, entre otras cosas. Pero no es solo una cuestión teórica, sino que influye verdaderamente en nuestras vidas, en lo mas íntimo de ellas, día a día: una mujer es tratada como un objeto, un matrimonio civil no da seguridad jurídica (dejando desamparados a los más débiles), un hijo que no conoce (y nunca podrá)  a sus padres, entre otros.

El pasado 8 de Noviembre muchos argentinos por todo el mundo salimos a las calles como señal de protesta frente al gobierno actual. ¡Quiero felicitar a aquellos que llevaron este gran cartel que aparece en la foto!

Mechi Richards

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Régimen del matrimonio en el Proyecto de Reforma del Código Civil y Comercial de la Nación. Un matrimonio devaluado.

Es notorio el esfuerzo de los medios de comunicación social en presentar de la manera más atractiva posible las modificaciones al régimen matrimonial propuestas en el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial, en procura de aceptación social. Se oculta de esa manera la verdadera esencia de los cambios, que intentaremos desentrañar en estas líneas.

En el Proyecto advertimos una retirada del Estado y de las normas de orden público en materia de matrimonio, en pos de una pretendida revalorización de la autonomía de la voluntad y del derecho a la privacidad de los cónyuges. De prosperar esta reforma, la institución matrimonial será vaciada de contenido. Ya no surgirá de la misma el fin procreativo ni el asistencial, ni la nota de perdurabilidad del matrimonio.

Dentro de la enumeración de deberes matrimoniales, en el Proyecto han sido eliminados los de cohabitación y fidelidad, y debilitado el de asistencia.

El Proyecto sólo le reconoce naturaleza moral al deber de fidelidad. Primera aclaración: si es moral no es jurídico, entonces su inobservancia no generará consecuencias de orden práctico.

Esta regulación “contractual” del matrimonio, dice proteger la autonomía de la voluntad permitiendo elegir cualquier proyecto de vida -siempre y cuando surja del consenso de sus integrantes-. En realidad esta autonomía solo vale para garantizar el derecho a la infidelidad sin sanción alguna, quitándole todo tipo de acción a la víctima.

¿Era necesaria esta reforma para alcanzar los fines propuestos en el Proyecto? Creemos que no.

Pensemos –dejando al margen todas las consideraciones morales del caso- que actualmente los cónyuges pueden pactar mantener relaciones extraconyugales. Ahora bien, cuando uno de los cónyuges quiere tenerlas y el otro no, el Código Civil deja a salvo los derechos de la víctima de la infidelidad, que podría solicitar el divorcio.

En el Código proyectado no hay remedio para esta situación, ya que la fidelidad no puede pactarse. La víctima no tendría forma de protegerse por el agravio causado.

Esto afecta seriamente el principio de igualdad enunciado en el Proyecto: se otorgan más derechos a aquellos que optan por un matrimonio “abierto”, que a los que optan por un matrimonio exclusivo.

La consecuencia más grave es que provoca la inestabilidad del estado de familia e incrementa la litigiosidad. La obligación de fidelidad, impuesta especialmente a las mujeres, tenía por finalidad garantizar la correspondencia entre la realidad biológica y la identidad social del niño. Sin deber de fidelidad pierde sentido la presunción de filiación; ¿qué garantías de paternidad podría tener un cónyuge que ha permitido a su mujer mantener relaciones extraconyugales?

Esta regulación del matrimonio es contraria al común sentir de los habitantes del país, que cuando piensan en un matrimonio imaginan, por lo menos, una relación exclusiva, y no “abierta a otros”.

En lo que respecta al deber de cohabitación, su importancia radica en que fija el domicilio conyugal, y hace nacer la protección especial de la vivienda conyugal frente a posibles ejecuciones. Además, sin obligación de cohabitar, se expone al niño a un régimen de contacto propio de divorciados, siendo que el matrimonio estaría vigente.

El deber de cohabitación implicó siempre la donación íntima de los cónyuges. Suprimido este deber parecería más razonable suprimir las presunciones de filiación en el matrimonio.

Finalmente, en concordancia con la supresión del deber de cohabitación y el deber de fidelidad, hay un debilitamiento del deber de asistencia entre cónyuges. Tratándose de deberes morales, se despojaría al matrimonio del deber de asistencia espiritual o moral.

Por todos los motivos señalados esperamos que esta propuesta no resulte aprobada por nuestros legisladores.

Diego Agustin Ferreyra

Profesor de Derecho Constitucional UCA

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Un proyecto que preocupa

No cabe duda sobre la importancia de una institución como el matrimonio, en el que un hombre y una mujer se unen para toda la vida no sólo para lograr el bien de ambos esposos, sino también para formar una familia con los hijos resultados de esa unión. Lo que ha llevado a afirmar que la familia formada de tal manera es la base de la sociedad, por lo que deben otorgársele todas las ventajas que lleven a su desarrollo sostenido.

Es por ello que sin duda preocupa -y mucho- que en el Proyecto de reformas al Código Civil, que en este momento está en estudio de una Comisión Bicameral del Congreso de la Nación, se siga considerando como matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. No se puede ni conviene igualar lo que no es igual, debiendo reconocerse las diferencias existentes entre el verdadero matrimonio formado entre un hombre y una mujer, de la unión de personas de igual sexo, que no pueden procrear; no es posible confundir la igualdad de derechos entre los sexos, con las evidentes diferencias que existen entre el varón y la mujer, no sólo biológicas y anatómicas, sino también psicológicas y sociales, entre otras, lo que hace a una necesaria y saludable complementación tanto en la unión conyugal, como en la educación y formación de los hijos.

Y como si lo anterior no bastara para cuestionar a las disposiciones proyectadas, en las mismas se exacerba la libertad al pretenden rebajar al matrimonio a una unión que puede deshacerse en cualquier momento sin motivo ni plazo alguno desde su celebración –ni tampoco responsabilidad para quien se quiere divorciar de su cónyuge-, facilitándose la ruptura del lazo matrimonial hasta un grado inédito y ciertamente insólito, con lo que se vuelve al repudio de la antigüedad, que tanto ha sido criticado a través de los siglos. Resulta inadmisible que uno de los cónyuges pueda injuriar gravemente y cuantas veces quiera al otro, como también abandonarlo voluntaria y maliciosamente, así como faltar tanto al deber de fidelidad como al de convivencia, ínsitos al matrimonio, sin que nada de ello tenga una consecuencia adversa para quien así haya actuado.

Este retroceso legislativo no acaba allí, debiendo señalar entre muchas otras cuestiones, la honda preocupación que causa las indebidas ventajas que en el Proyecto se le otorgan a otro tipo de uniones no institucionalizadas –que son denominadas uniones convivenciales-, muy parecidas a aquellas de las que goza el matrimonio, con lo que de alguna manera se le restringe a esta última institución la relevancia que tiene y le corresponde, en lugar de otorgarle el apoyo exclusivo que requiere y conviene a su decisiva importancia en el desarrollo armónico de la verdadera familia.

Resulta sin duda indiscutible que a las normas proyectadas no se las puede calificar de “progresistas”, como se pretende, dado el retroceso cultural y social que ellas suponen, con grave desmedro de la unión matrimonial, afectando de tal manera a la sociedad en su conjunto, como también a los hijos nacidos de esa unión.

Dr. Eduardo Sambrizzi

Doctor en Derecho Civil, miembro de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de la Ciudad de Buenos Aires, y del Instituto de Derecho Civil.

eas@sambrizziyasoc.com.ar

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La autonomía de la voluntad en la regulación legal del matrimonio y la familia

Desde la perspectiva personalista, la identidad del matrimonio y la familia no son una construcción subjetiva del legislador en base a intereses de sectores de individuos o del Estado. La identidad del matrimonio surge de la dinámica tendencial de la sexualidad de la persona humana propia del amor varón-mujer. Tres tendencias básicas de dicha sexualidad modelan la estructura del tipo de unión matrimonial. La tendencia a la exclusividad; su tendencia a la permanencia; y la tendencia a la fecundidad, siendo la máxima expresión de esa fecundidad es dar vida a otro ser humano. La heterosexualidad, la exclusividad, la permanencia y la fecundidad son pues las características objetivas permanentes con que la humanidad a lo largo de la historia ha identificado al matrimonio con matices culturales secundarios referidos fundamentalmente a la forma.

El matrimonio tiene pues una identidad natural y objetiva. En otras palabras, es una realidad “dada” al legislador positivo en cuanto a sus propiedades -exclusividad y permanencia- y fines – complementariedad y procreatividad-.

Desde esta concepción antropológica-jurídica, surgen una serie de principios que deben ser respetados por el legislador en miras a preservar el ámbito ecológico propio del ser humano.

  1. El matrimonio y la filiación son realidades naturales objetivas. En otras palabras, sus estructuras fundamentales derivan de la estructura dinámica natural de la persona y la sexualidad humana.
  2. El matrimonio y la filiación son realidades jurídicas intrínsecas, esto es, realidades jurídicas pre-legales y pre-estatales. La juridicidad de la relación matrimonial y filial es generada por los mismos contrayentes y padres en el acto jurídico del consentimiento matrimonial y la procreación.
  3. La regulación jurídica extrínseca de origen legal y estatal debe respetar la realidad objetiva natural de sus estructuras y la  juridicidad intrínseca de estas instituciones del derecho de familia.
  4. El matrimonio es un acto jurídico privado no estatal sin perjuicio de la intervención de una autoridad estatal con fines de seguridad jurídica.
  5. Existe un orden público familiar derivado de las funciones sociales estratégicas que la familia cumple en la sociedad: procrear las próximas generaciones de argentinos; criarlos,  personalizarlos éticamente y socializarlos integrándolos adecuadamente a la sociedad argentina.
  6. Resulta necesario repensar el concepto de orden público en el actual derecho de familia.
  7. El principio de autonomía de la voluntad tiene cabida en el derecho de familia.
  8. El principio de la autonomía de la voluntad no rige en el derecho de familia con plena amplitud en las relaciones personales de familia.
  9. El principio de autonomía de la voluntad rige en las relaciones de familia, sujeto a las siguientes limitaciones:
  • Los convenios entre cónyuges como instrumento para determinar y modelar los efectos jurídicos familiares de la separación o divorcio.
  • El convenio es una vía de ejecución de la ley y no de sustitución de sus normas de orden público.
  • Los convenios son válidos entre las partes pero su coactividad requiere la homologación judicial.

De lo expuesto, consideramos que el proyecto de reforma al Código Civil actualmente en debate, debería reconocer en su articulado los deberes y derechos intrínsecos al matrimonio. Ellos constituyen la esencia del compromiso que asumen los cónyuges, varón y mujer, entre sí y frente a la sociedad toda. A saber: fidelidad, asistencia y cohabitación.

Ana Ortelli

Profesora de Derecho de Familia

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“En menos de un mes me voy a casar…”

En menos de un mes me estoy casando por civil. Un paso importante, sin duda, aunque para muchos pareciera que lo es cada vez menos.

Confieso que no podía salir de mi asombro cuando leí la primera versión del Proyecto de Reforma del Código Civil y advertí que habían desaparecido, sin más, dos de sus derechos deberes fundamentales: la fidelidad y la cohabitación.

En una nueva versión, el artículo 431 del Proyecto establece: “Los esposos se comprometen a desarrollar un proyecto de vida en común basado en la cooperación y el deber moral de fidelidad. Deben prestarse asistencia recíproca”.

Es cierto, como dice la Dra. Aída Kemelmajer de Carlucci, que la realización de los fines del matrimonio no se obtiene por la mera sumisión de los cónyuges a deberes jurídicos y que la convivencia, la asistencia y la fidelidad son vividos por los esposos en su cotidianidad con natural espontaneidad y no por sometimiento a deberes legales.

Sin embargo, creo que es importante mantenerlos como deberes jurídicos o al menos dar la opción de que quienes queremos contraer un vínculo sobre la base de estos deberes podamos hacerlo, alternativa que hoy se encuentra vedada por el artículo 447 del Proyecto que establece que “toda convención entre los futuros cónyuges sobre cualquier otro objeto relativo a su matrimonio es de ningún valor”. Podemos pactar sobre la designación y avalúo de los bienes que cada uno lleva al matrimonio; sobre la enunciación de las deudas; sobre las donaciones que nos hagamos; sobre la opción por alguno de los regímenes matrimoniales previstos en el Código; pero nada más.

Me cuesta entender por qué en este punto no se ha cumplido con el objetivo del “código para una sociedad multicultural” promocionado en los fundamentos del Proyecto. En efecto, en dichos fundamentos se establece que “en materia de familia se han adoptado decisiones importantes a fin de dar un marco regulatorio a una serie de conductas sociales que no se pueden ignorar (…) Ello no significa promover determinadas conductas o una decisión valorativa respecto de algunas de ellas. De lo que se trata es de regular una serie de opciones de vidas propias de una sociedad pluralista, en la que conviven diferentes visiones que el legislador no puede desatender”. ¿Por qué se desatiende, entonces, la visión y la opción de vida de tantos argentinos con relación al matrimonio? ¿Por qué no se nos deja seguir apostando por una familia fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, perdurable y estable? ¿No sería acaso un “tipo de familia” o un tipo de unión más? ¿Cuál es el fundamento de esta discriminación?

Si como Marisa Herrera suele decir, “en la pluralidad, en la diversidad y en las diferencias está la riqueza; si fuéramos todos iguales, no sería tan interesante la vida en sociedad”, ¿por qué no se nos deja ser diferentes, pensar distinto y tener un lugar también en el nuevo Código? Ya nos quitaron la posibilidad de contraer un matrimonio indisoluble, ahora también quieren quitarnos la posibilidad de contraer un matrimonio que aspire a cuestiones tan básicas como la fidelidad y la cohabitación.

Me duele que como sociedad nos estemos alejando de lo que nos pide la propia naturaleza humana. Una comunidad de vida en el sentido pleno de la expresión. Una unión exclusiva. Eso es lo que nos hace felices.

Citando a Monseñor Arancedo, leer un Código es conocer la vida y orientación de una comunidad. Como sociedad, ¿realmente queremos un matrimonio vaciado de contenido como el que nos propone la reforma? ¿Dónde está la función pedagógica de la ley?

En menos de un mes me estoy casando por civil. Todavía voy a comprometerme a ser fiel y a vivir con mi marido. Ojalá estos derechos deberes fundamentales se mantengan. Ojalá nuestros legisladores entiendan que necesitamos matrimonios fundados sobre bases sólidas, respetuosos de las exigencias de nuestra naturaleza. Ojalá.

María de la Paz Miatello

28 años, abogada

 

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La nueva realidad social y las leyes que la regulan

Reparando un poco en las tendencias legislativas actuales en temas de familia, se puede observar cierta tensión entre aquellos que se inclinan por regular la coyuntura social cambiante y, de hecho, cambiada; y otros quizás más reticentes a aceptar ese dinamismo e incorporarlo a nuestro sistema de normas.

Ante ello, en primer lugar, se me ocurre pensar que lo más lúcido es aceptar que la realidad social efectivamente se modificó, y lo hizo de tal manera, que las personas que la integran ya no se relación en comunidad de la misma manera, habiendo cambiando sus anhelos, sus proyectos y sus costumbres más elementales.

Entonces, me pregunto: ¿De qué manera deben relacionarse las conductas de los hombres y las leyes que las regulan?

En mi opinión, previo a todo corresponde intentar agudizar en el conocimiento de esas complejas realidades que hoy van surgiendo, de manera que no se las desconozca, pero que sí se desentrañe en su reclamo más profundo, sin quedarse en la superficie de esas banderas que parecen rechazar una a una todas las instituciones vigentes. Sería un primer paso escuchar las quejas y las reformas que vienen propuestas, pero sobre todo, interpretarlas.

La nueva ley, a mi entender, debe revestir un carácter eminentemente pedagógico y preventivo. Si bien antes resalté la aceptación de los cambios sociales, ahora pongo el acento en el no menos importante valor tutelar y correctivo de la norma. En ese pensamiento, no se trata de conferirle capacidad a ley por sí sola de instaurar o restaurar un orden quebrado, sino de evitar una aceleración de ese desorden, y en la medida de lo posible, de desalentarlo.

Ese sentido ejemplificador del Derecho del que no siempre somos conscientes, me lleva a pensar que las nuevas modificaciones deben ser incluidas en las cuestiones que son traídas a debate, pero siempre con una debida orientación al bien común.

En relación a ello, la constitución de la familia debería estar ligada a los valores comunitarios de solidaridad y asistencia, donde cada uno tiene una función particular que desempeñar; lo cual requiere cierta permanencia y unión en los lazos que vinculan tan íntimamente a sus miembros. El proyecto que se debate no parece fomentar estos ideales, sino que evidencia más bien un individualismo diluyente de toda misión comunitaria, especialmente dentro del seno familiar.

A título de ejemplo de lo que se viene diciendo, se me ocurre la consagración del llamado “derecho a la voluntad procreacional” que propone el proyecto en trato, la cual avasalla y reduce alevosamente el principio del interés superior del niño receptado en los Tratados Internacionales con jerarquía constitucional y en nuestro sentido común.

Por eso, no se trata de incorporar en las normas, sin más, el panorama social que hoy se hace presente y regularlo a fin de evitar la mayor cantidad de conflictos, sino más bien de orientarlo a los fines superiores del hombre.

Andrés Felsenstein

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Dr. Lorenzetti: el Código Civil no es un manual de heladera (con todo mi respeto)

lorenzetti

Dr. Ricardo Luis Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina.

En la presentación de su proyecto de nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, haciendo referencia a las novedades introducidas en el Derecho de Familia, el Dr. Lorenzetti expresó:

“Ello no significa promover determinadas conductas o una decisión valorativa respecto de alguna de ellas. De lo que se trata es de regular una serie de opciones de vidas propias de una sociedad pluralista, en la que conviven diferentes visiones que el legislador no puede desatender”.

Yo, en mi humilde opinión, considero que el Dr. Lorenzetti se equivoca.

Un Código Civil es una ley. De muchos capítulos y artículos, pero una ley al fin. Y la ley (hasta donde tengo entendido) es una norma rectora de la conducta humana. Es decir, tiene una finalidad educativa y de ejemplaridad. No es una mera recomendación o instrucción, como las que pueden estar contenidas en un manual de heladera. No se limita a regular alegremente unas realidades existentes en un determinado momento histórico de una comunidad prescindiendo de su valoración. En pocas palabras, la ley tiene un fuerte componente moral, no así un manual de heladera.

Es por esto que una verdadera ley debe discernir entre las distintas realidades pluralistas que se presentan en una comunidad determinada, distinguiendo las más valiosas de las menos valiosas, elevando y promoviendo a las primeras y desincentivando o prohibiendo a las segundas. De lo contrario, la ley no estaría cumpliendo con su finalidad.

¿O acaso por qué el Código Penal –que también es una ley- pena el homicidio, el robo, las injurias? El motivo es tan simple como profundo: la sociedad reconoce que hay ciertas realidades como la vida, la propiedad, el honor que son dignas de ser protegidas. Por lo tanto, las conductas que atacan dichos bienes son reconocidas como disvaliosas, no queridas y, por ende, penadas.

La lógica de un Código Civil, al regular realidades como la vida humana, la familia y el matrimonio, debería ser la misma.

Nicolás D’Odorico, 27 años.

Abogado de Buenos Aires.

 

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Opinión: ¿Qué se busca con la reforma del Código Civil?

Congreso de la Nación Argentina interior

¿Qué se busca con la reforma del Código Civil? ¿Otorgar más libertad a los ciudadanos? ¿Realmente piensan que nos va a hacer más libres esta reforma?

En mi opinión lo que sucede es lo contrario. Pensemos en una sociedad en donde el estado protege al adúltero, al que abandonó a su cónyuge sin caso alguno, o lo que es peor, ante la enfermedad. ¿Que libertad podrá  tener esa esposa o esposo que es dejado indefenso y sin acceso a la justicia?

Con la nueva regulación de fecundación in vitro y maternidad subrogada en donde la donación anónima es permitida y no hay organismos de control,  ¿cuántas personas correrán el riesgo de enamorarse quizás de sus hermanos, o medio hermano sin saberlo? ¿Más libertad?

¿Qué libertad podrá tener una persona que por convicciones religiosas no se quiere divorciar y no puede separarse porque el estado no se lo permite?

Pongamos el ejemplo de una madre que se casa varias veces.  El hijo se verá obligado a tener una relación con su padrastro, con quien quizás no se lleva bien, y no se tendrá en cuenta su opinión. ¿De qué libertad estamos hablando?

Deberíamos detenernos a pensar todos hacia dónde estamos yendo. En mi opinión, la posible reforma del Código civil es un espejo de la sociedad en que vivimos. Si hay algo que caracteriza a la posmodernidad es un creciente individualismo, en donde en cuanto yo pueda realizar mis intereses y nadie me moleste, está todo bien.  Dejar de lado lo individual y pensar en un bien común, en este caso, el de la familia, parece ya una utopía.

María Eugenia Irañeta, 21 años

Estudiante de Periodismo en Mendoza

@eugeiraneta

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