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¿Y ahora qué?

Hace dos meses venimos comentando sobre la reforma del Código Civil. Fuimos entendiendo que no todo es tan lindo como parece y que no escuchamos todas las voces sobre este proyecto por los noticieros y diarios. Pero igualmente insistimos que es importante que “tomemos partido”, que digamos que estamos o no de acuerdo y por qué.

En un mundo tan globalizado y en ciudades tan grandes donde llegamos al punto de pensar que somos solo uno más, ¿vale la pena tomarse el trabajo de pensar y expresar las diferencias? Personalmente, creo que si abandonamos esta tarea el mundo perdería mucho de su encanto, pero más alla de eso, perdería su libertad.

Y en este caso, se haría difícil entender qué es una familia, un matrimonio, ser madre, ser padre, cuáles son los derechos y las responsabilidades de ellos, entre otras cosas. Pero no es solo una cuestión teórica, sino que influye verdaderamente en nuestras vidas, en lo mas íntimo de ellas, día a día: una mujer es tratada como un objeto, un matrimonio civil no da seguridad jurídica (dejando desamparados a los más débiles), un hijo que no conoce (y nunca podrá)  a sus padres, entre otros.

El pasado 8 de Noviembre muchos argentinos por todo el mundo salimos a las calles como señal de protesta frente al gobierno actual. ¡Quiero felicitar a aquellos que llevaron este gran cartel que aparece en la foto!

Mechi Richards

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Reforma del Código Civil: “Hay puntos que merecen el debate”

El Ministro Secretario de Derechos Humanos de Misiones, Edmundo Soria Vieta, plantea que no todo es tan fácil como parece: entran en juego temas como la identidad, la bioética, la fertilización in vitro, entre otros. ¿Nos da todo lo mismo? ¿Que tenemos para decir? ¿Es cierto que viola derechos humanos? ¿O reconoce nuevos derechos humanos?

Los invito a compartir que le dirían a los legisladores (¡nuestros representantes!) respecto estos temas!

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Cuando nace un bebe, ¿cuál es el primer lugar que busca? El pecho de su mamá.
Durante las primeras semanas en que todo es cambio, aprender a respirar, a comer, a digerir, ¿qué es lo único que le da paz? Refugiarse en lo conocido, o sea, el corazón de mamá, el olor de mamá, la respiración de mamá.
¿Por qué? Porque es lo único seguro. Es el único nexo entre la panza y el nuevo mundo que se le presenta como desconocido. Esa única conexión es la que logra calmar el más desesperado de los llantos.
Ahora, ¿qué pasa si el bebe es arrebatado de su mamá y llevado a otra ciudad o a otro país? ¿Cómo hacemos para explicarle a un bebe que lo que él conoce como mamá -en realidad su único universo conocido, porque habitó allí 9 meses – se va a desentender absolutamente de él, y va a seguir su vida como si sólo hubiera sido una cuestión de gestar un embrión? ¿Qué pasa con esa mamá envase que de repente tiene que entregar a su cría? Independientemente de quién haya sido el donante, la maternidad conecta a la mujer con su lado instintivo. El engendrar vida te hace partícipe del misterio y el milagro más maravilloso que existe. El paso de la vida por el cuerpo de una mujer deja huellas indelebles, tanto físicas como emocionales.
Pensemos en los más vulnerables, en los más débiles, en los que no tienen voz. ¿Acaso por ellos no debe velar el Estado y amparar el derecho?

Hablemos de adopción, hablemos de chicos de la calle, hablemos de desnutrición infantil. Debatamos profundamente y seriamente sobre familia. Hablemos de políticas de fondo, marquemos políticas de estado que trasciendan el gobierno de turno y los usos y modas del momento. Pensemos como Nación que busca proteger y cuidar a quienes más lo necesitan. No fomentemos prácticas que utilicen a la mujer como mercancía, como un medio para… El valor de la maternidad es el atributo femenino por excelencia. No lo denigremos.

M. Laura Pereda

27, Lic. en Ciencias Políticas

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“¿Cómo se llaman ellos?”

¿Cómo se llama el otro que también tiene tu mismo padre, que no es tu padre por elección, sino por donación, que no te reconoce y/o que no sabe que es tu padre y que tiene más hijos que no lo son o no los considera como tales, y que quizás nunca lo sabrá? ¿Y cuál es el nombre de la madre, de ese otro hijo, fecundado por el mismo donante? ¿Los hijos del mismo donante, son hermanos?

Y así, la cadena es infinita, la cadena del ‘no se sabe qué ‘, ‘no se sabe quién’ ni cómo se llaman los otros que no podemos ni nombrar, que no conocemos porque no buscamos.

¿Pero qué pasa, qué pasaría si los buscáramos? Si decidiríamos hacerlo? Qué pasaría si buscáramos a los otros ‘hijos’ ¿”desarrollados”? a través del mismo ‘donante’? Es complicado no entender cómo designarnos. “Los límites de mi lenguaje, son los límites de mi mundo”.

Esa búsqueda, esa confusión de relaciones, roles y sintaxis/gramática familiar, se vive en ‘El donante’, una narrativa pensada para la inclusión, que muestra estos mareos y formas de ver/vivir/sentir/padecer/disfrutar/naturalizar lo que por estos días comienza a ser otro tipo de debate y alcance: el judicial. Donde el lenguaje es otro y lo que se juega son otras cosas. Por ejemplo:

“Bruno (Rafael Ferro) logrará reunir a los 144 chicos… aunque no será de la mejor manera ni en el mejor lugar. Para Violeta (María Alché), las cosas tampoco serán fáciles. Junto a Pablo, definirá el futuro del bebé que esperan y también decidirá si puede…”

¿Cómo seguimos? ¿Cómo nombramos? ¿Cómo y de qué, pero sobre todo, de quiénes hablamos?

Anaclara Dalla Valle

23, estudiante de Comunicación

@anitaclarita

www.anaclara.com.ar

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Opinión: “La reforma del Código Civil nada tiene que ver con nuestra realidad”

Creo que no es el momento apropiado para llevar a cabo la unificación y reforma del Código Civil, menos si se trata de un proyecto como el que está en tratativas que pretende cambiar instituciones básicas, los valores sobre los que la sociedad se apoya y crece.

No pretendo hacer un análisis completo sobre el proyecto de reforma, pero si advertir sobre ciertos temas que bajo la bandera del “pluralismo” quieren imponerse en nuestro derecho que nada tienen que ver con nuestra realidad, y resaltar lo nocivo que sería si se implementasen:

En primer lugar, la incorporación de la figura del “alquiler de vientre” o maternidad subrogada. La maternidad subrogada es un acuerdo por el cual algunas mujeres mediante una retribución llevan a término por cuenta de terceros la gestación de embriones fecundados in vitro con óvulo y esperma de otras personas. Se origina así una manipulación de la copropiedad de un hijo que recibe el patrimonio genético de dos personas, mientras recibe la sangre, el alimento y la comunicación vital intrauterina (con consecuencias incluso psicológicas y psíquicas) de una tercera persona, la madre sucedánea. Todo esto configura abusos tanto contra la unidad del matrimonio, como contra el hijo, que llega a ser tratado así como un ejemplar animal y no como una persona que tiene el derecho de reconocer a sus propios padres y de identificarse con ellos.  Se da una mercantilización del cuerpo de la mujer y una comercialización de la procreación con una gran industria de la fertilización.

Otro preocupante tema es el cambio que se pretende introducir en el derecho de familia: Tal como se la plantea, la nueva regulación del matrimonio termina de vaciar de sentido a esta fundamental institución: el matrimonio es diseñado para el divorcio, se lo debilita en lugar de fortalecerlo. En el nuevo régimen, disolver el vínculo matrimonial es un mero trámite casi alentado por la ley. Se borra de un plumazo el deber de fidelidad y la figura de separación personal, que daba la opción a aquellos que decidían separarse pero no romper el vínculo. En lugar de contribuir por medio de la ley a crear una cultura matrimonial saludable, se le quita su propósito público al pretender “privatizarlo” o restarle la importancia social como antecesor necesario de una familia. Es que el debilitamiento del matrimonio atenta directamente contra la familia. Al conceptuar al matrimonio como una “unión de base sentimental” entre cualesquiera dos que se amen, se desnaturaliza la familia y se termina perjudicando a la sociedad. El Estado debe promover políticas que favorezcan el bienestar social y tiendan al bien común. Considero que fortalecer la cultura matrimonial mejora las probabilidades de que los niños crezcan sanos, saludables y mejor en términos de bienestar, y contribuye al bien común, tanto individual como social.

La actual reforma, lejos de ser pluralista y neutral, quiere imponer una ideología, una cosmovisión que tiene un pequeño grupo de la sociedad, a todo el resto. Esta reforma en el aspecto del derecho de familia no responde a la realidad ni a las necesidades del país.

Finalmente, me gustaría citar al constitucionalista Jorge Vanossi quien sostenía: “La misión de las leyes no se debe limitar a reflejar jurídicamente las transformaciones sociales tal como una cámara fotográfica lo hace con la realidad. Por el contrario las leyes no deben abdicar de su tarea orientadora de la conducta humana hacia el bien común, la realización del hombre como persona  y el perfeccionamiento de la sociedad.”

Agustina Mitre

21 años, estudiante de abogacía en la Universidad Nacional de Tucumán.

 

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