Archivo de la etiqueta: Reforma del Código Civil

¿Y ahora qué?

Hace dos meses venimos comentando sobre la reforma del Código Civil. Fuimos entendiendo que no todo es tan lindo como parece y que no escuchamos todas las voces sobre este proyecto por los noticieros y diarios. Pero igualmente insistimos que es importante que “tomemos partido”, que digamos que estamos o no de acuerdo y por qué.

En un mundo tan globalizado y en ciudades tan grandes donde llegamos al punto de pensar que somos solo uno más, ¿vale la pena tomarse el trabajo de pensar y expresar las diferencias? Personalmente, creo que si abandonamos esta tarea el mundo perdería mucho de su encanto, pero más alla de eso, perdería su libertad.

Y en este caso, se haría difícil entender qué es una familia, un matrimonio, ser madre, ser padre, cuáles son los derechos y las responsabilidades de ellos, entre otras cosas. Pero no es solo una cuestión teórica, sino que influye verdaderamente en nuestras vidas, en lo mas íntimo de ellas, día a día: una mujer es tratada como un objeto, un matrimonio civil no da seguridad jurídica (dejando desamparados a los más débiles), un hijo que no conoce (y nunca podrá)  a sus padres, entre otros.

El pasado 8 de Noviembre muchos argentinos por todo el mundo salimos a las calles como señal de protesta frente al gobierno actual. ¡Quiero felicitar a aquellos que llevaron este gran cartel que aparece en la foto!

Mechi Richards

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Régimen del matrimonio en el Proyecto de Reforma del Código Civil y Comercial de la Nación. Un matrimonio devaluado.

Es notorio el esfuerzo de los medios de comunicación social en presentar de la manera más atractiva posible las modificaciones al régimen matrimonial propuestas en el proyecto de reforma del Código Civil y Comercial, en procura de aceptación social. Se oculta de esa manera la verdadera esencia de los cambios, que intentaremos desentrañar en estas líneas.

En el Proyecto advertimos una retirada del Estado y de las normas de orden público en materia de matrimonio, en pos de una pretendida revalorización de la autonomía de la voluntad y del derecho a la privacidad de los cónyuges. De prosperar esta reforma, la institución matrimonial será vaciada de contenido. Ya no surgirá de la misma el fin procreativo ni el asistencial, ni la nota de perdurabilidad del matrimonio.

Dentro de la enumeración de deberes matrimoniales, en el Proyecto han sido eliminados los de cohabitación y fidelidad, y debilitado el de asistencia.

El Proyecto sólo le reconoce naturaleza moral al deber de fidelidad. Primera aclaración: si es moral no es jurídico, entonces su inobservancia no generará consecuencias de orden práctico.

Esta regulación “contractual” del matrimonio, dice proteger la autonomía de la voluntad permitiendo elegir cualquier proyecto de vida -siempre y cuando surja del consenso de sus integrantes-. En realidad esta autonomía solo vale para garantizar el derecho a la infidelidad sin sanción alguna, quitándole todo tipo de acción a la víctima.

¿Era necesaria esta reforma para alcanzar los fines propuestos en el Proyecto? Creemos que no.

Pensemos –dejando al margen todas las consideraciones morales del caso- que actualmente los cónyuges pueden pactar mantener relaciones extraconyugales. Ahora bien, cuando uno de los cónyuges quiere tenerlas y el otro no, el Código Civil deja a salvo los derechos de la víctima de la infidelidad, que podría solicitar el divorcio.

En el Código proyectado no hay remedio para esta situación, ya que la fidelidad no puede pactarse. La víctima no tendría forma de protegerse por el agravio causado.

Esto afecta seriamente el principio de igualdad enunciado en el Proyecto: se otorgan más derechos a aquellos que optan por un matrimonio “abierto”, que a los que optan por un matrimonio exclusivo.

La consecuencia más grave es que provoca la inestabilidad del estado de familia e incrementa la litigiosidad. La obligación de fidelidad, impuesta especialmente a las mujeres, tenía por finalidad garantizar la correspondencia entre la realidad biológica y la identidad social del niño. Sin deber de fidelidad pierde sentido la presunción de filiación; ¿qué garantías de paternidad podría tener un cónyuge que ha permitido a su mujer mantener relaciones extraconyugales?

Esta regulación del matrimonio es contraria al común sentir de los habitantes del país, que cuando piensan en un matrimonio imaginan, por lo menos, una relación exclusiva, y no “abierta a otros”.

En lo que respecta al deber de cohabitación, su importancia radica en que fija el domicilio conyugal, y hace nacer la protección especial de la vivienda conyugal frente a posibles ejecuciones. Además, sin obligación de cohabitar, se expone al niño a un régimen de contacto propio de divorciados, siendo que el matrimonio estaría vigente.

El deber de cohabitación implicó siempre la donación íntima de los cónyuges. Suprimido este deber parecería más razonable suprimir las presunciones de filiación en el matrimonio.

Finalmente, en concordancia con la supresión del deber de cohabitación y el deber de fidelidad, hay un debilitamiento del deber de asistencia entre cónyuges. Tratándose de deberes morales, se despojaría al matrimonio del deber de asistencia espiritual o moral.

Por todos los motivos señalados esperamos que esta propuesta no resulte aprobada por nuestros legisladores.

Diego Agustin Ferreyra

Profesor de Derecho Constitucional UCA

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Un proyecto que preocupa

No cabe duda sobre la importancia de una institución como el matrimonio, en el que un hombre y una mujer se unen para toda la vida no sólo para lograr el bien de ambos esposos, sino también para formar una familia con los hijos resultados de esa unión. Lo que ha llevado a afirmar que la familia formada de tal manera es la base de la sociedad, por lo que deben otorgársele todas las ventajas que lleven a su desarrollo sostenido.

Es por ello que sin duda preocupa -y mucho- que en el Proyecto de reformas al Código Civil, que en este momento está en estudio de una Comisión Bicameral del Congreso de la Nación, se siga considerando como matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo. No se puede ni conviene igualar lo que no es igual, debiendo reconocerse las diferencias existentes entre el verdadero matrimonio formado entre un hombre y una mujer, de la unión de personas de igual sexo, que no pueden procrear; no es posible confundir la igualdad de derechos entre los sexos, con las evidentes diferencias que existen entre el varón y la mujer, no sólo biológicas y anatómicas, sino también psicológicas y sociales, entre otras, lo que hace a una necesaria y saludable complementación tanto en la unión conyugal, como en la educación y formación de los hijos.

Y como si lo anterior no bastara para cuestionar a las disposiciones proyectadas, en las mismas se exacerba la libertad al pretenden rebajar al matrimonio a una unión que puede deshacerse en cualquier momento sin motivo ni plazo alguno desde su celebración –ni tampoco responsabilidad para quien se quiere divorciar de su cónyuge-, facilitándose la ruptura del lazo matrimonial hasta un grado inédito y ciertamente insólito, con lo que se vuelve al repudio de la antigüedad, que tanto ha sido criticado a través de los siglos. Resulta inadmisible que uno de los cónyuges pueda injuriar gravemente y cuantas veces quiera al otro, como también abandonarlo voluntaria y maliciosamente, así como faltar tanto al deber de fidelidad como al de convivencia, ínsitos al matrimonio, sin que nada de ello tenga una consecuencia adversa para quien así haya actuado.

Este retroceso legislativo no acaba allí, debiendo señalar entre muchas otras cuestiones, la honda preocupación que causa las indebidas ventajas que en el Proyecto se le otorgan a otro tipo de uniones no institucionalizadas –que son denominadas uniones convivenciales-, muy parecidas a aquellas de las que goza el matrimonio, con lo que de alguna manera se le restringe a esta última institución la relevancia que tiene y le corresponde, en lugar de otorgarle el apoyo exclusivo que requiere y conviene a su decisiva importancia en el desarrollo armónico de la verdadera familia.

Resulta sin duda indiscutible que a las normas proyectadas no se las puede calificar de “progresistas”, como se pretende, dado el retroceso cultural y social que ellas suponen, con grave desmedro de la unión matrimonial, afectando de tal manera a la sociedad en su conjunto, como también a los hijos nacidos de esa unión.

Dr. Eduardo Sambrizzi

Doctor en Derecho Civil, miembro de la Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de la Ciudad de Buenos Aires, y del Instituto de Derecho Civil.

eas@sambrizziyasoc.com.ar

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“Algunas consideraciones sobre el matrimonio en el Proyecto de Reforma del Código Civil”

Al Estado debería interesarle profundamente la regulación del matrimonio, ya que matrimonios sólidos, duraderos y fecundos son los que proporcionan estabilidad para la contención y formación de las nuevas generaciones.

Sin perjuicio de ello, por las modificaciones que contempla el Proyecto de Reforma del Código Civil, pareciera ser que lo que se propicia es todo lo contrario.

Así, del análisis del texto de dicho Proyecto podemos advertir los siguientes cambios en materia de matrimonio:

  1. Nos encontramos con una intencional omisión respecto al sexo: nada se dice sobre hombre o mujer, todo es igual o lo mismo.
  2. El proyecto suprime el deber jurídico de fidelidad. Aparece solamente un frágil deber moral que por tanto no puede ser exigido jurídicamente. Ello vaticina la duración de un matrimonio en un día o una noche. Se torna efímero cualquier pensamiento relacionado con un matrimonio que permanezca en el tiempo. Y en orden a reafirmar ese aspecto, el proyecto establece puntualmente que es nula la renuncia de cualquiera de los cónyuges a la facultad de pedir el divorcio y que el pacto o cláusula que restrinja esa facultad de solicitarlo se tiene por no escrita.
  3. Desaparece para los cónyuges el deber de cohabitación y con ello, necesariamente, la fijación de un domicilio conyugal.  Se facilita, de este modo, el terreno a quien no quiere cohabitar, en desmedro del otro que sí quiere hacerlo.
  4. Mientras que el actual texto del Código Civil contempla el régimen de la separación personal, que no disuelve el vínculo matrimonial, el proyecto de reforma lo extermina. De esta manera, frente a cualquier “complicación” entre los esposos, la única opción será el divorcio, sin permitir a los cónyuges una solución menos drástica, radical y definitiva. Se elimina la culpa como causal del divorcio, no existen más el adulterio, las tentativas de asesinato, la instigación a cometer delitos, las injurias graves, el abandono voluntario y malicioso, y no importan tampoco los intentos de reconciliación. Se sancionaría, por tanto, el llamado “divorcio express”. El matrimonio lejos de ser una institución se asemeja a un mero contrato.
  5. El divorcio que propugna el texto reformado elimina el requisito del tiempo de espera entre los cónyuges, optando directamente por legislar desde el principio a favor de las rupturas matrimoniales, y no por el fomento del vínculo familiar.

De lo expuesto, podemos concluir que a través del Proyecto de Reforma del Código Civil el matrimonio perdería sus elementos configurantes:

a)      Indisolubilidad (no se puede tener vínculo indisoluble)

b)      Estabilidad (divorcio express)

c)      Finalidad procreativa (no exigible en caso de personas del mismo sexo)

d)      Finalidad unitiva (no se exige cohabitación)

e)      Heterosexualidad (incluye personas del mismo sexo)

f)      Fidelidad (sólo como deber moral)

La familia se funda básicamente en el matrimonio. Ambas son las instituciones que configuran los pilares sólidos de la conformación actual y futura de nuestra sociedad.

Para que ello verdaderamente se manifieste es necesario que cualquier ordenamiento legal procure su protección, y no su destrucción.

Juan Pablo Limodio

Abogado, 28 años

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Reforma del Código Civil: “Hay puntos que merecen el debate”

El Ministro Secretario de Derechos Humanos de Misiones, Edmundo Soria Vieta, plantea que no todo es tan fácil como parece: entran en juego temas como la identidad, la bioética, la fertilización in vitro, entre otros. ¿Nos da todo lo mismo? ¿Que tenemos para decir? ¿Es cierto que viola derechos humanos? ¿O reconoce nuevos derechos humanos?

Los invito a compartir que le dirían a los legisladores (¡nuestros representantes!) respecto estos temas!

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La autonomía de la voluntad en la regulación legal del matrimonio y la familia

Desde la perspectiva personalista, la identidad del matrimonio y la familia no son una construcción subjetiva del legislador en base a intereses de sectores de individuos o del Estado. La identidad del matrimonio surge de la dinámica tendencial de la sexualidad de la persona humana propia del amor varón-mujer. Tres tendencias básicas de dicha sexualidad modelan la estructura del tipo de unión matrimonial. La tendencia a la exclusividad; su tendencia a la permanencia; y la tendencia a la fecundidad, siendo la máxima expresión de esa fecundidad es dar vida a otro ser humano. La heterosexualidad, la exclusividad, la permanencia y la fecundidad son pues las características objetivas permanentes con que la humanidad a lo largo de la historia ha identificado al matrimonio con matices culturales secundarios referidos fundamentalmente a la forma.

El matrimonio tiene pues una identidad natural y objetiva. En otras palabras, es una realidad “dada” al legislador positivo en cuanto a sus propiedades -exclusividad y permanencia- y fines – complementariedad y procreatividad-.

Desde esta concepción antropológica-jurídica, surgen una serie de principios que deben ser respetados por el legislador en miras a preservar el ámbito ecológico propio del ser humano.

  1. El matrimonio y la filiación son realidades naturales objetivas. En otras palabras, sus estructuras fundamentales derivan de la estructura dinámica natural de la persona y la sexualidad humana.
  2. El matrimonio y la filiación son realidades jurídicas intrínsecas, esto es, realidades jurídicas pre-legales y pre-estatales. La juridicidad de la relación matrimonial y filial es generada por los mismos contrayentes y padres en el acto jurídico del consentimiento matrimonial y la procreación.
  3. La regulación jurídica extrínseca de origen legal y estatal debe respetar la realidad objetiva natural de sus estructuras y la  juridicidad intrínseca de estas instituciones del derecho de familia.
  4. El matrimonio es un acto jurídico privado no estatal sin perjuicio de la intervención de una autoridad estatal con fines de seguridad jurídica.
  5. Existe un orden público familiar derivado de las funciones sociales estratégicas que la familia cumple en la sociedad: procrear las próximas generaciones de argentinos; criarlos,  personalizarlos éticamente y socializarlos integrándolos adecuadamente a la sociedad argentina.
  6. Resulta necesario repensar el concepto de orden público en el actual derecho de familia.
  7. El principio de autonomía de la voluntad tiene cabida en el derecho de familia.
  8. El principio de la autonomía de la voluntad no rige en el derecho de familia con plena amplitud en las relaciones personales de familia.
  9. El principio de autonomía de la voluntad rige en las relaciones de familia, sujeto a las siguientes limitaciones:
  • Los convenios entre cónyuges como instrumento para determinar y modelar los efectos jurídicos familiares de la separación o divorcio.
  • El convenio es una vía de ejecución de la ley y no de sustitución de sus normas de orden público.
  • Los convenios son válidos entre las partes pero su coactividad requiere la homologación judicial.

De lo expuesto, consideramos que el proyecto de reforma al Código Civil actualmente en debate, debería reconocer en su articulado los deberes y derechos intrínsecos al matrimonio. Ellos constituyen la esencia del compromiso que asumen los cónyuges, varón y mujer, entre sí y frente a la sociedad toda. A saber: fidelidad, asistencia y cohabitación.

Ana Ortelli

Profesora de Derecho de Familia

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¿Qué modelo de familia queremos los argentinos?

El proyecto de Código Civil que tiene tratamiento parlamentario en el Congreso de la Nación Argentina ha reabierto el debate sobre el modelo de familia que queremos los argentinos. Además, si se analizan sus propuestas a la luz de otras leyes recientemente sancionadas, como las de identidad de género y muerte digna, junto con la anterior ley 26618 sobre legalización de las uniones de personas del mismo sexo como matrimonio, se advierte una tendencia claramente individualista que mina las bases sociales.

En efecto, hay una matriz común detrás de estas leyes: la exaltación de la autonomía individual, transformada en norma absoluta. Si se radicalizan las pretensiones individuales los vínculos sociales se deterioran, pues duran tanto como la voluntad individual lo quiere. Pierden peso en la convivencia valores como el deber, el compromiso duradero por el otro, el desinterés, la solidaridad. Hay un exceso en la declamación de los derechos individuales y un abandono de la perspectiva del bien común.

Desde un conjunto de individualidades autorreferentes no se edifica una sociedad. La sociedad es el resultado de un entramado de instituciones que contribuyen a lograr el desarrollo de las personas, las familias y las organizaciones, sobre la base del reconocimiento de derechos y también de la regulación de las conductas en orden al bien común. Cuando se permite por ley cambiarle el sexo a un niño desde cualquier edad, se ha permitido a una pretendida libertad adulta avanzar sobre quienes deberían ser los más privilegiados de la sociedad, los niños. Cuando se eliminan las diferencias entre varones y mujeres, se empobrece la vida social que pierde una rica complementariedad. Cuando el matrimonio no tiene ni estabilidad ni fidelidad, los niños crecen en ambientes familiares caracterizados por vínculos frágiles y se afecta sensiblemente su sentido del compromiso duradero con el otro.

Por otra parte, estas leyes no responden a reclamos de la sociedad. Son el fruto de pequeños pero poderosos lobbies que, con apoyo mediático, han impuesto una agenda extraña a la cultura argentina, sobre todo en su perspectiva federal. Hay, por otra parte, un planificado y llamativo manejo de la agenda parlamentaria y judicial de tal modo que estas pretendidas reformas en favor de las libertades son instaladas en la agenda y por su carácter de temas polémicos concentran la programación y los titulares durante días o semanas, distrayendo la atención de otras cuestiones urticantes y de fondo para el país.

Desde una perspectiva más sociopolítica, debilitar los vínculos familiares no fortalece la libertad individual, sino que la debilita, pues la persona pierde las protecciones familiares y de las asociaciones intermedias ante las pretensiones del poder del Estado. Por eso siempre se ha considerado que una familia fuerte engendra personas menos vulnerables ante las tentaciones de poder estatal de injerencia en la vida personal.

Argentina se ha convertido en una suerte de lugar de experimentación. En estos temas de vida y familia se ha dado un giro en el país donde el centralismo porteño impone a las provincias un modelo de persona y familia extraño a su idiosincrasia. En este dinamismo, una constante es la subordinación de los niños a los deseos de los adultos, en un giro adultocéntrico que aparenta más libertad, pero esconde más individualismo y vaciamiento de las instituciones.

Nicolás Laferriere

NICOLAS_LAFFERRIERE@UCA.EDU.AR

centrodebioetica.org

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¿¡Y a ellos quién los respalda!?

En los últimos 20 años en la Argentina aumentó enormemente el número de parejas que empiezan a convivir sin formalizar su compromiso. Este fenómeno pasó a ser tan común que hoy es mayor el número de parejas que rechazan todo tipo de compromiso formal a las que lo aceptan. Según muchos especialistas a consecuencia de este hecho, las parejas jóvenes no sólo se separan más, sino que sus primeras parejas duran cada vez menos.[1]

Pero… ¿Por qué no comprometerse tanto? Muchas razones… dicen que hay que probar antes… cómo será una vida juntos… la duda siempre está… quizá no funcione… uno nunca sabe… quizá el amor se termine… uno nunca sabe.

No se puede vivir siempre en el temor y en la duda, las personas necesitamos algunas certezas básicas: pisar tierra firme, sentirnos seguros y apoyados, tener un respaldo. El amor florece cuando es confiado y total. ¿Qué pasa cuando llegan los hijos?

En el trabajo de capacitación que realizamos con padres de familia, hacemos mucho el énfasis en la importancia del desarrollo de la personalidad de los hijos, ya que es este desarrollo lo más determinante para la realización personal y  para afrontar los retos que nos presenta la vida.

En nuestra experiencia notamos cómo la influencia y el ejemplo más importante en la vida de una persona, es la que se recibe de los padres de familia. Y por ejemplo, los chicos que presentan más dificultades en cuanto a la educación y el crecimiento de la personalidad, son aquellos que viven problemáticas familiares: sus padres están separados, hay problemas de comunicación en la pareja o hay alguna  falta  de compromiso hacia los hijos.

Cuando una pareja se separa y hay hijos de por medio, es muy común que en los chicos surja una división interior, se suelen presentar estados de culpabilidad en los que los hijos se sienten culpables por la ruptura de sus padres, culpa que sin embargo, no les corresponde y que sin entenderla pueden manifestarla de muchas maneras.

La vida es así, dinámica, se vive, se pasa, pero toda decisión tiene consecuencias, un compromiso responsable tiene consecuencias, una falta de compromiso también.

La desconfianza y la incertidumbre en las parejas que no se comprometen, no sólo es una barrera para el amor pleno y total, sino que puede marcar profundamente la vida de una persona. A ellos, quién los respalda, quién les devuelve la armonía y la estabilidad que tanto necesitaron.

José Manuel Flores, 24 años, Estudiante de Filosofía UCA.

manuelflores@hominiargentina.com.ar


[1] Matrimonio a la Argentina, Diario Página 12, Lunes 16 de abril del 2007.

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En la familia se engendra la Nación

El verdadero progreso de una Nación se mide en términos humanos, y es directamente proporcional a la voluntad del individuo de aportar a lo colectivo,  la sociedad, su patria. Esto que parece obvio, es exactamente lo que esta en déficit en nuestro amado país.

No puede aportar a su tierra quien no siente la necesidad de hacerlo, y no siente la necesidad quien no la ama. Nuestra Argentina transita por un lamentable fracaso en la educación general, pero creo que el principal problema es que no se educa en el amor. Amor a la familia, a la comunidad y amor a la patria. Esto se debe en gran medida a que en los últimos tiempos se ha concebido una idea abstracta del amor, metafórica, no más que poética.

En parte hemos fracasado como sociedad. Pero una sociedad tiene como ayuda, en parte, para no perder el rumbo humanamente productivo, sus leyes. Las leyes regulan nuestra conducta marcándonos una dirección, lo correcto y lo incorrecto. Es cierto que somos seres humanos y que errar es de humanos, pero legalizar el error es una irresponsabilidad. El proyecto del nuevo código civil esta promoviendo nuestros errores al legalizarlos.

Un matrimonio que se separa (por supuesto que puede haber situaciones que lleven a una ruptura) no se casó con la idea de separarse sino de unirse. El proyecto de Código Civil busca optimizar el divorcio y al hacer eso alimenta la especulación porque hace que las personas no acepten un verdadero compromiso con el otro. “Me caso total me divorcio cuando yo quiero”

¿Y la otra parte? ¿En dónde se protege su bienestar? Si amo a alguien no puedo lastimarlo. Amar es una fuerza que modifica verdaderamente la realidad. Amar es hacerme responsable de la otra persona y de su futuro, que a partir del casamiento es el mismo que el mío. Si casarse no significa un compromiso, amarse tampoco.

Si no le debo fidelidad al otro, ¿cómo educar en la fidelidad a la patria?  Si los esposos no deben convivir bajo el mismo techo ¿qué idea de familia le transmito a esos hijos? El mensaje que se envía es que lo único que importa es que yo hago lo que quiero cuando quiero. ¿Qué idea de responsabilidad se estaría incorporando desde la familia?

Todo esto, de aprobarse, no contribuye al bien de nuestra nación, porque se está destruyendo su menor unidad de vida, las personas, y la célula básica, la familia. En consecuencia la sociedad y finalmente el país. En este panorama resulta casi imposible la educación en los valores más elementales que necesita una nación para su progreso la moral y el “valor supremo” el amor. Porque solo tiene lugar la voluntad individual, el individualismo. Y la relación entre este último y el progreso humano es inversamente proporcional.

Ricardo Romano, 26 años,  Licenciatura en kinesiología y Fisiatría  conciencia.argentina@yahoo.com.ar

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Gestación de vientres e identidad

Soy psicopedagoga, trabajo con personas en situación de aprendizaje. Pensando en lo que concierne a las prácticas referidas a los procesos de gestación de personas, me pregunto: ¿se pensó en cómo desarrollamos nuestra identidad?

A medida que vamos creciendo, necesitamos conocer nuestra historia, la historia de nuestra familia para saber quiénes somos, quiénes nos precedieron, comprender los legados familiares, descubrir dónde estamos, desarrollar nuestra identidad. Es por eso que los chicos, sean del contexto que sean, algunos con más insistencia, otros más sutilmente, preguntan por su historia, por sus orígenes, por el lugar (o los lugares) de dónde vienen.

Pienso en casos concretos para no irme por las ramas de la teoría: en el colegio donde trabajo, por ejemplo, respetamos la patria potestad de quienes nos confían a sus hijos, por eso, unas semanas antes de la clase donde se trabajará el tema, se pide a los papás que lo conversen con sus hijos. Las anécdotas que siguen a estas actividades son muchísimas y se resumen en el interés y entusiasmo de los chicos y grandes por compartir cómo vivieron ese embarazo en la familia: cómo sentían los movimientos, primero la mamá luego los otros miembros, cómo les hablaban y cantaban a través de la panza, cómo se preparaban para su llegada, ven ecografías, fotos… Es simpático porque en la primera reunión muchos papás manifiestan temores e inseguridad sobre el tema, después, la mayoría agradece esa “tarea para el hogar”.

En el caso del alquiler de vientres, ¿sería bueno promover este tipo de prácticas teniendo en cuenta todo lo que se pierde?
Sería algo similar a lo que sucede en los casos de adopción, pero promover estas situaciones sin necesidad, no me parece lo más adecuado: Las adopciones buscan brindar un ambiente adecuado para el desarrollo de personas concretas, entonces: con estas prácticas de fecundación y gestación artificiales ¿se buscarían personas para llenar un ambiente? Quizá debamos debatirlo un poco más…

Con respecto a las adopciones, al asesorar a docentes y a padres de niños y adolescentes en esta situación, aparecen nuevos desafíos: los chicos quieren saber de dónde son, qué pasó, por qué su historia es diferente. Necesitan respuestas concretas para armar su propia historia, cuando las hay y se trabaja paulatinamente, pero con la verdad, las elaboran muy bien. Cuando no las hay, o cuando se oculta, o cuando no se sabe, suelen aparecer síntomas que interfieren con la vida de estas personas y se agrava en la pubertad y adolescencia.

Si no se tiene un registro exhaustivo de estas cuestiones ¿qué respuestas se les dará a los chicos? ¿O nos arriesgaremos a no dar respuestas sabiendo las consecuencias que esto podría tener? Tengamos en cuenta que las respuestas que buscan los niños, por el nivel de pensamiento que tienen, no son meros datos estadísticos: tienen que ver con la historicidad, con las anécdotas, con lo humano de todo este proceso…

Además, teniendo en cuenta que existen otros medios más respetuosos de la dignidad de las personas, ¿por qué arriesgarnos a incertidumbres innecesarias y tan riesgosas, cuando las incertidumbres necesarias y cotidianas que tenemos nos permiten cambiar, innovar y mejorar constantemente nuestra realidad?

Lic. Alejandra B. Sadaniowski

28, Psicopedagoga

Posadas, Misiones

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