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Amor sin barreras

Las tres industrias más poderosas en el mundo del siglo XXI son las armas, el sexo y las drogas. Las tres, requieren de la instrumentalización de unos seres humanos por otros. Ello transforma a estas tres industrias en clarísimos “fenómenos anti-cultura”.  En estos tres casos se involucra a millones de personas directa e indirectamente, que incluso sin saberlo, refuerzan y vivifican dicha anti-cultura.

En el campo del amor y la sexualidad, se tiene la impresión de que cuanto más evidente se hace lo sexual, la sexualidad más se encierra en sí misma, como si se tratase de un misterio que no se deja ver ni atrapar. La precariedad del “Eros” frente a la que hoy nos encontramos, se pone claramente en evidencia en este mensaje tan frecuente que muestra a la experiencia del amor como  un fuego abrasador que consume a los amantes, y al igual que cuando se toma agua de mar, despierta una sed insaciable frente a la cual los amantes deben rendirse por completo.

Desde otro frente, hace varios años viene dándose a nivel global un cambio visible en la cultura de la sexualidad que, contrario a lo que podría pensarse, parte de  jóvenes en sus veintes y treintas. Ellos cuestionan a las generaciones más adultas, que se abanderan con el último testamento de la revolución sexual y del movimiento estudiantil de 1968. Estos jóvenes son parte de la primera generación en la que hay un número masivo de hijos de padres divorciados y, consecuentemente, reivindican a la familia como fuente de amor incondicional, sustento del desarrollo saludable de la personalidad y cuna de ciudadanos proactivos y responsables (humanizados). Sigue leyendo

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C. S. Lewis: “¿Es anormal querer resistir los deseos sexuales?”

La gente moderna siempre está diciendo: “no hay nada de qué avergonzarse con respecto al sexo”. Puede que quieran decir dos cosas. Una es que “no hay nada de qué avergonzarse en el hecho de que la raza humana se reproduce de cierta manera, ni en el hecho de que ello produce placer”. Si significa eso, tienen razón. El problema no es la cosa misma, ni el placer.

Pero, por supuesto, cuando la gente dice que “no hay nada de qué avergonzarse con respecto al sexo” pueden querer decir “el estado en que hoy se encuentra el instinto sexual no es para avergonzarse en absoluto”. Si el significado es ése, creo que están equivocados. No hay nada de qué avergonzarse por gozar de la comida; habría todo de qué avergonzarse si la mitad del mundo hiciera de la comida el principal interés de sus vidas y se pasara el tiempo mirando imágenes de comida y babeando y chasqueando los labios.

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Pornografía 2.0

Un desafío de la familia

A esta altura ya escuche mucho sobre Annalisa Santi, alumna de la UCA que se hizo famosa por los videos provocativos en los que aparece. Pero casi todo lo que escuche fue o en tono de risa o en tono de condena. Y todo desde la pregunta ¿Era consciente del revuelo que iba a armar o simplemente era un juego de amigos?

sexting

Cómo sea, voy a optar por creerle y suponer que los videos se filtraron contra su voluntad. Porque, a fin de cuentas, no sería ni el primero ni el último caso. Muy seguido escucho de chicas y parejas a las que les pasa esto.

Pero sería una lástima dejar pasar este lastimoso hecho habiéndonos ocupado solo de lo superficial de la cuestión y sin preguntarnos qué nos manifiesta sobre la realidad en la que vivimos.  Sigue leyendo

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La sexualidad humanizada según Viktor Frankl

El hombre se realiza a sí mismo en la medida en que se trasciende: al servicio de una causa o en el amor a otra persona. El hombre sólo es plenamente él mismo cuando se pasa por alto y se olvida de sí. El primer aspecto de esta auto trascendencia es la búsqueda y alcance de un sentido. Pero actualmente podemos observar la constante frustración a la que está sometido este deseo de sentido: vemos cómo nace el “vacío existencial”.

En este vacío existencial prolifera la libido sexual. Y sólo de este modo se puede explicar la inflación sexual que se ha producido en nuestro tiempo. Como toda inflación, incluida la del mercado de dinero, conduce a una devaluación. La sexualidad se va desvalorizando en el curso de la inflación sexual a medida que se deshumaniza.

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7 razones por las que el matrimonio es mejor que la convivencia

Hay muchas razones por las que una pareja elige convivir: para ahorrar, para pasar más tiempo con su pareja, para comprobar si la relación funciona, etc. Otra de las supuestas ventajas es que, si esta “prueba” no funciona, es más fácil la ruptura de una convivencia, que un divorcio.

La cohabitación es una tendencia en alza. Sin embargo, los estudios empíricos muestran que la mejor forma de fortalecer una relación y de formar una familia feliz es el matrimonio.

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Hacerse respetar

Hay una frase que me molesta mucho, y que escucho de boca de muchos varones. Es “Yo respeto a las mujeres… si ellas se hacen respetar”.

No. No.

A una mujer se la respeta aunque esté regalada, aunque esté borracha, aunque pienses que es una tonta. No hay categorías inferiores y superiores de mujeres, no hay categorías inferiores ni superiores de personas. Todas las mujeres se merecen tu respeto, solo por el hecho de ser mujeres, porque son personas.

Y acá es cuando aparece ella: Annalisa Santi. Annalisa es una estudiante de Derecho de la UCA que aparece en un video sacándose la remera y haciendo una pose provocativa para la cámara, en plena clase. Este video me llegó (como a mucha, mucha gente) por whatsapp, me lo mostraron en un preboliche, lo hablé con mis amigas, leí varios tweets al respecto. Y ahora está en todos los diarios y en la tele, que además aprovecharon para hacer suculentas galerías con las fotos subidas de tono que Annalisa había subido a su facebook.
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La Sociedad Pornográfica

Fuente: Edward Photography

Hay ciertas ciudades en las que no se puede atravesar un día sin ver una imagen de alto contenido erótico, o incluso, pornográfica. En Buenos Aires, por ejemplo, los puestos de diarios y revistas no sólo no cumplen con la reglamentación de mantener en sobre cerrado y opaco las revistas porno sino que además exhiben gigantografías de alto voltaje, imposibles de esquivar para la vista de los transeúntes, incluso para los menores de edad. A esto, debemos sumarle la ya aburrida irrestricta oferta televisiva –en cantidad y horario- y la última novedad: una espasmódica difusión de vídeos íntimos de famosos de turno.

Todo lo anterior se releva a un lugar secundario frente a la estrella de nuestro tiempo, Internet. En alianza con la tecnología, gracias a la cual las imágenes y sonidos han alcanzado un realismo inverosímil, la web ha llevado la pornografía a una dimensión insospechada. Nunca antes hubo pornografía de tanta calidad y tan accesible.

Lo cierto es que la pornografía tiene altos costos sociales y es hora de afrontarlo. Esta conclusión, adelantada por la intuición de muchos, ha sido recientemente revelada por un estudio publicado por el Witherspoon Institute, que aporta datos impactantes. Sólo en los EE. UU. se gastan anualmente alrededor de 4.000.000.000 dólares en videos pornográficos. A su vez, conforme a las Estadísticas de Pornografía en Internet, alrededor de 28.258 usuarios de la web acceden a pornografía en cada…segundo.

Además de impactantes, estos datos son alarmantes.  La conclusión principal de la investigación es que la pornografía arruina nuestra sociedad. Ésta no sólo tiene efectos negativos en el consumidor –que pueden llegar a la adicción y otras patologías- sino que afecta especialmente a mujeres relacionadas con él y a niños.  Hay que resaltar que el daño se extiende a personas mediatamente relacionadas con el consumidor.

De éstas personas, las que sufren la plaga de forma más pavorosa son las niñas y jóvenes víctimas del rapto para fines de explotación sexual. En los últimos años hemos visto con esperanza el surgimiento de distintas organizaciones que tenazmente luchan contra este mal y la adhesión a la causa de importantes figuras públicas. Sin embargo, y aunque duela afrontarlo, una solución real sólo podrá ser alcanzada si revisamos nuestra concepción de la sexualidad y, en particular, nuestra actitud frente a la pornografía. De hecho, desde el Departamento de Justicia y el Centro Nacional para Niños Desaparecidos y Explotados de EE. UU. se ha hecho hincapié en que la relación entre la pornografía y la trata de personas es directa. Es así que quienes claman contra el tráfico de personas pero avalan la pornografía -y la prostitución-, atacan la consecuencia mientras alimentan las causas.

Llegado este punto, todos los ciudadanos que no nos identificamos con secuestradores y explotadores, debemos preguntarnos…¿Acaso podemos fomentar el sexo utilitarista y atrincherarnos en la privacidad de algunas de nuestras conductas -como el consumo de pornografía- sin reconocer que colaboramos, al menos materialmente, con la explotación de personas y otros males sociales?

La situación sólo mejorará si afrontamos con coraje grandes desafíos. Por empezar, todos los que compartimos lo anterior, deberíamos rechazar conductas utilitaristas y elegir proactivamente –y aunque cueste- el amor como canal de la sexualidad. Esto será bueno aunque no suficiente.

Todos sabemos que alrededor de la industria pornográfica hay intereses creados, principalmente económicos. Muchos deberemos perder en algún sentido para que todos podamos ganar. Algunos tienen el interruptor en la mano: los directivos de empresas editoriales y mediáticas, los empleados directos e indirectos de estas industrias, los sindicatos relacionados, los funcionarios públicos competentes. Los demás tenemos la responsabilidad de forzar que estos interruptores sean pulsados.

Este cambio –como cualquier otro significativo- sólo será posible si hacemos sacrificios. Tenemos el derecho de no hacerlos. Pero sin ellos, no tendremos derecho a quejarnos de que chicas de seis años vean imágenes obscenas o de que se les quite la vida a unas sólo para satisfacer las ansiedades sexuales de otros. No tendremos derecho a rechazar la sociedad pornográfica.

Ignacio Ibarzábal

Director Ejecutivo de Grupo Sólido

Twitter: @NachoIbarzabal

Una versión adaptada de este artículo fue publicada el domingo 18 de septiembre en el diario La Gaceta de Tucumán

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