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Ayudar a mirar

Fueron dos años. Dos años de encuentros, desencuentros basados en la mentira del amor disfrazado. En la mentira de la relación embaucada. Dos años de su vida, a los 21 años, como entrega a un él, que era la nada. A un él, más grande, casado, desbocado. A un él, que la engañaba, y que engañaba a su esposa y a sus hijos. Un él, puro circo negro. Puro verso. Un verso de milagros y trampas y dolores.

Ella, perdida, urbana y ciegamente desbordada. Genuina. Sólo quería salvarlo. Sólo quería recuperar a ese Él de sus sombras. Y su manera de protegerlo, era queriéndolo con inconsciencia, desorientación y a escondidas. Pero él, la fue muriendo de a poco. De a ratos, con palabras, con silencios, con ausencias. Con desprecios. Visibles para el mundo e imposibles de sentir por ella. Imposibles de narrar por ella.

Él la fue muriendo. Y cuando quiso, cuando se cansó, la dejó. La abandonó después de dos años. Después de ser su amante durante dos años. La dejó cuando ella se quedó casi huérfana, cuando su papá murió. La dejó, rotundamente. Y para despreciarla, la abandonó una noche, en el medio de un campo. Y no le respondió ningún llamado,  no quiso volver a verla. Con lo que es ver y mirar para quien ama. Pero cuando ella se animó a buscarlo, a buscarlo hasta encontrar en el coraje del que no piensa, nuevamente esa otra mirada…él la amenazó de muerte. Amenazó a su familia.

Humilló un corazón debilitado e incapaz de reconocer en ese gesto, la violencia del que sólo sabe y quiere odiar. Del que no puede tener compasión. Pero ella, desgarradamente perdida, no podía dejar de perdonarlo.

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Este breve relato, está basado en una historia real. Desgraciadamente real. La literatura es solo el camino estético y libertario, para comunicar y ayudar a visibilizar una plaga que atañe a millones de mujeres. Las víctimas de violencia de género, no suelen reconocer al victimario como tal, se sienten culpables, merecedoras del castigo, del maltrato. La violencia de género no es solo física, sino moral, sino en términos, incluso, de cómo se da la misma relación. Las víctima a su vez, se sienten incapaces de salir adelante, de escapar. De quererse. “Ayudarlas a mirar”, es un primer paso para ayudarlas  a salir…otro paso más para erradicar la violencia.

Anaclara Dalla Valle

Originalmente publicado en el blog de #Anitaclarita

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